Jorge Guardia. 17 enero, 2017

Les voy a presentar un nuevo libro de mi autoría: Estoica batalla por la liberación cambiaria. La versión digital está disponible para ustedes a vuelta de correo, cortesía del autor.

Es un recuento histórico de las vicisitudes del régimen cambiario, desde el rígido patrón oro, paridad fija prohijada por el FMI, primera (y desordenada) flotación en 1982, primeras (y prolongadas) minidevaluaciones, segundo intento de flotación (liderado por este servidor en 1992), la banda cambiaria (malograda por presiones ajenas al BCCR) y, finalmente, el advenimiento de la flotación administrada en el 2015. En todas esas etapas puse mi granito de arena; de ahí el título de la publicación.

Dice el proemio que hay batallas emprendidas con ahínco desde muy temprana edad y debates que nunca terminan. Me sucedió con el proceso de liberalización cambiaria que, al parecer, no da señales de dar tregua hasta asentar un régimen verdaderamente libre, manejado técnicamente y blindado ante la influencia de actores políticos y grupos de presión. Eso lo convierte simultáneamente en fascinante y desolador.

Los distintos regímenes cambiarios han sido presa de presiones alejadas del interés público y la selección caprichosa de ganadores y perdedores, ajenos a la neutralidad que reclama la mejor asignación de recursos. Cada vez que se intentaba liberalizar el régimen cambiario, surgían las consabidas críticas para abortar el proceso. Por eso duró tantos años. Fue un verdadero viacrucis. En cada etapa se recogen las principales críticas y contracríticas, algunas de ellas recontadas con detalle en sendos anexos. Hay también discusiones más recientes sobre las formas de calcular el tipo de cambio, factores fundamentales que inciden en su formación y la política cambiaria; también, recomendaciones para depurar el sistema.

Yo no reclamo todo el mérito de la liberalización; al contrario, señalo con denuedo que en el proceso contribuyeron muchos actores y directores, incluidos Eduardo Lizano por reconocer, en su tiempo, el agotamiento de las “minis” y explorar nuevos paradigmas; Francisco de Paula Gutiérrez, por haber tratado de rescatar la política monetaria al implantar la banda cambiaria; Rodrigo Bolaños, por definir el marco administrativo de la flotación de hecho; y Olivier Castro, por ser el papá de la criatura moderna. Todos ellos merecen un lugar especial en la histórica bancaria costarricense.