Armando González R.. 7 marzo

La verdad es que nadie en la Casa Presidencial espió a la Embajada de Estados Unidos. Hay una recopilación de datos de vehículos pertenecientes a instituciones públicas nacionales y, entre ellas, aparece inexplicablemente la representación estadounidense. Es un error evidente.

Los datos de 162 instituciones costarricenses incorporadas a la lista, además de la Embajada de Estados Unidos, no sirven para espiar a nadie. Se limitan al tipo y número de vehículos, su antigüedad, marca y valor. Revisé la información en la plataforma Tableau Public, cuyo lema es “sus datos cuentan una historia, compártala con el mundo”.

El lema y el nombre no dejan duda sobre el carácter absolutamente público de la plataforma. La información puede ser consultada por cualquiera y su autor, dice Tableau, es “Presidencia de la República de Costa Rica”. A lo largo del escándalo desatado por el absurdo decreto de la UPAD, más bien se ha cuestionado la posible incorporación de datos sensibles de los costarricenses a Tableau. Eso rozaría la ley, no porque los datos hayan sido recopilados al margen de las regulaciones, sino por violación del deber de mantener su confidencialidad.

Es decir, los extraños espías de la Presidencia publicaron en un servicio de visualización de datos estadounidense sus secretos hallazgos sobre la flotilla vehicular de ese país y se atribuyeron la autoría de la recopilación. Quizá para disimular, incluyeron información de 162 instituciones nacionales.

Pero cualquiera puede digitar su embajada preferida en el Registro Público para conseguir información mucho más detallada, como número de placa, color, estilo y otras características. Ninguno de esos datos está en Tableau porque a la Presidencia no le interesaba individualizar los vehículos, sino saber cuántos hay en cada institución. La utilidad práctica de esa información se hace obvia en nuestro titular del viernes: “ICE tiene 3.487 vehículos pero alquila otros 343”. (Por cierto, los datos de Tableau registran 3.751).

Así de estúpida es la novela de espionaje construida con base en Tableau. Esa es la verdad. Decirla es una imprudencia. Las redes sociales me atribuirán militancia en el PAC, simpatías chavistas, servicio a oscuros intereses comerciales, recordarán que dejé el ombligo en Cuba y me acusarán de defender el gobierno antisindical y fascista de Alvarado, según la cloaca de donde salga el ataque.

Lo prudente es callar, dejar que la mentira corra por el mundo y empañe el prestigio de Costa Rica, sembrar duda sobre espionaje a un país amigo y alimentar el incendio local para beneficio de los pequeños intereses que lo promueven. A veces parece que la verdad no importa, pero no dejaré de decirla hasta donde me dé el entendimiento.

agonzalez@nacion.com

Armando González es editor general del Grupo Nación y director de La Nación.