Armando González R.. 15 diciembre, 2018

Por algún extraño motivo, el ministro de la Presidencia se sintió “entre la espada y la pared” tras la denuncia de “un funcionario del Ministerio de Hacienda” ante la Fiscalía y “admitió” reuniones con La Nación para convencerla de publicar información “contra los sindicatos” y a favor del plan fiscal. El funcionario, dice la nota, presentó la denuncia indignado por los millones depositados por Hacienda a favor del periódico.

La primera lección es la indispensable aplicación del sentido común y la lectura crítica a toda información

La “información”, encabezada por el logo de otro medio de comunicación, circula en la Internet. Es una mentira más, pero utilísima para aprender a detectar falsedades difundidas, en todo el mundo, para minar a las instituciones —incluida la prensa independiente—, sembrar odio y socavar la democracia.

La primera lección es la indispensable aplicación del sentido común y la lectura crítica a toda información, especialmente si llega por Internet y las redes sociales. La citada “noticia” es profundamente estúpida. ¿Por qué habría de sentirse obligado un ministro a hacer confesiones públicas a partir de la mera presentación de una denuncia ante la Fiscalía? ¿Cómo logra Hacienda depositar millones sin ton ni son? ¿Quién creería en la necesidad de reunirse con La Nación para convencerla de respaldar una reforma fiscal que apoya desde la administración Chinchilla? ¿Le habrá costado trabajo al ministro convencernos de criticar los desmanes de los sindicatos?

La segunda lección es la importancia de detectar la falta de elementos periodísticos esenciales, difícilmente ignorados por un profesional. En primer lugar, la nota carece de fuentes, salvo la denuncia, sobre la cual no se da detalle alguno pese a la copia en posesión del supuesto periodista, que no firma la nota. Se cita al “Ministro de la Presidencia”, pero se omite su nombre y, desde luego, ni por asomo se identifica al funcionario indignado. En especial, un lector atento se pregunta por el calibre de la imbecilidad de un periodista que, con semejante documento en mano, no brinda los detalles.

La tercera lección es la insuficiencia de un logo u otras similitudes con un medio de comunicación conocido para asentar la credibilidad de una nota. La ventaja de una “información” presentada con esos elementos es la posibilidad de visitar el sitio oficial para constatar si la nota fue publicada por el medio cuyo logo o estilo se emplean para darle respaldo. En este mundo nos tocó vivir y debemos aprender a hacerlo.

Armando González es editor general del Grupo Nación y director de La Nación.