Armando González R.. 25 julio

“Todo menos la renuncia” es el lema, casi mantra, de nuestra burocracia. Lo importante es seguir en el cargo y, casi siempre, pasados los tres días de tormenta, el funcionario encuentra refugio en la cotidianidad, no importa si es magistrado o se desempeña en estratos inferiores de la administración.

Paciencia y mucha cara bastan para conservar el cargo independientemente de quien pida la dimisión o si solo la imponen las circunstancias. Puede ser la Asamblea Legislativa o el jerarca de la institución donde labora el no dimitente. Eso es lo de menos, porque, además de cara y paciencia, existen recursos administrativos y judiciales para permanecer en el cargo.

El doctor Rodrigo Marín Rodríguez, hasta hace poco director de Vigilancia de la Salud, desdeñó todas esas posibilidades y optó por un camino pocas veces transitado: la renuncia honorable. Hay faltas mucho más graves, pero la de Marín es un obstáculo para el desempeño del cargo. Ejercía una magistratura de influencia y la perdió cuando las redes sociales dieron cuenta de un paseo en lancha por los mares de Guanacaste, sin estricto apego al protocolo de salubridad establecido para esas actividades.

Todos, incluido el doctor Marín, somos libres de pasear en lancha. Todos debemos respetar los lineamientos del Ministerio de Salud para hacerlo con seguridad en tiempos de pandemia. Esas regulaciones exigen a la tripulación utilizar máscaras, y en la lancha donde viajó el médico no se cumplió el requisito, salvo por el capitán, según consta en las fotos. A todos se nos perdonaría el desliz, pero no a un funcionario encargado de establecer y aplicar los reglamentos.

Lo aleccionador es que Marín no se lo perdonó a sí mismo. “Sin duda es necesario predicar con el ejemplo, y ayer no fui consecuente con el mensaje”, dice su carta de renuncia. Acto seguido, explica la dimisión como necesaria para preservar la integridad de la institución y la reputación de sus compañeros: “Estas acciones inoportunas no representan el actuar comprometido del Ministerio de Salud y de cada uno de sus funcionarios”.

La reacción guarda perfecta proporción con la falta, no por la gravedad de la conducta, sino por el compromiso personal de su protagonista. Expresa sentido del honor, y eso debemos agradecérselo al doctor Marín, así como sus años de esfuerzo contra el dengue y otras enfermedades tropicales. La renuncia, oportuna y sincera, redime tanto como los servicios prestados.

agonzalez@nacion.com