Armando González R.. 2 junio

Los reconocimientos al gobierno y a su ministra de Hacienda por el esfuerzo desplegado para evitar las más crudas manifestaciones económicas de la crisis fiscal no deben opacar la respuesta, igualmente responsable, de la mayoría de los partidos políticos opositores. En particular, llama la atención la reacción del Partido Liberación Nacional, avezado desde hace décadas en el ejercicio de la oposición sin tregua y víctima, a su vez, de idénticas intransigencias.

El encuentro de voluntades y la disposición para hacer a un lado la confrontación extrema es la única salida

El PLN tiene sobrados motivos de enojo. Para comenzar, no estaríamos en una situación límite si el Partido Acción Ciudadana, o la mayor parte de él, no hubiera cometido la torpeza de descarrilar el Plan de Solidaridad Tributaria de la administración Chinchilla, una propuesta mucho más profunda que la sometida a discusión en la actualidad e, indiscutiblemente, más oportuna.

Hoy, el propio PAC viene a pedir votos para aumentar los ingresos del gobierno, a pocos meses de una derrota liberacionista sobre la cual gravitaron viejas acusaciones, antaño lanzadas por el partido victorioso. En segunda ronda, el ahora presidente, Carlos Alvarado, reconoció los excesos cometidos, entre ellos la triste dramatización de los cien días de Luis Guillermo Solís.

En los gestos de Alvarado se lee el constante propósito de poner distancia entre su gestión y la de su predecesor. Es el PAC, pero es, también, otro gobierno. No es fácil deslindar los campos sin ofender, pero no hay esperanza alguna de recuperar la credibilidad con Solís a cuestas.

El PLN tiene derecho a mantenerse escéptico. Sin embargo, el jefe de fracción, Carlos Ricardo Benavides, advirtió propósitos responsables en el plan de contención de gastos expuesto por la ministra Rocío Aguilar y lo consideró suficiente para reactivar el trámite de la reforma fiscal, siempre advirtiendo el carácter insuficiente de las medidas. Quizá sin plena convicción, Benavides toma la palabra al gobierno cuando promete completar la tarea con las reformas reconocidas como necesarias por tirios y troyanos, con la sola excepción de sus privilegiados beneficiarios.

No menos edificante es la reacción de Roberto Thompson, diputado liberacionista por Alajuela. Con generosidad pocas veces vista en la política nacional, reconoció a la ministra la valentía de plantear temas polémicos, tantas veces evadidos. El encuentro de voluntades y la disposición para hacer a un lado la confrontación extrema es la única salida. Los legisladores que todavía no lo entienden están a punto de asumir una grave responsabilidad histórica.

agonzalez@nacion.com

Armando González es editor general del Grupo Nación y director de La Nación.