Armando González R..   20 marzo

El Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) rebajará el salario y ajustará los puestos de por lo menos 273 funcionarios con jefaturas sin personal a cargo. En principio, es una buena noticia. Peor sería seguir compensando como jefes a quienes no lo son, porque una jefatura sin subalternos es tan útil como una ducha sin agua.

La buena noticia, no obstante, suscita interrogantes. Varios de esos jefes dejaron de tener personal a cargo hace años. ¿Por qué no se hicieron los ajustes de inmediato? También intriga saber qué han hecho los solitarios jerarcas durante todo este tiempo e, inevitablemente, debemos preguntarnos si siguen haciendo falta en la institución, ya no como jefes, sino como empleados de otro rango. ¿Fungían como subalternos mientras se les pagaba como jefes o simplemente fingían que fungían como jerarcas?

8/12/2015 Oficinas centrales del ICE, La Sabana, San José. Entrevista con Julieta Bejarano, directora jurídica del ICE, y Roberto Chacón, jefe de Recursos humanos del ICE, sobre los altos salarios de algunos empleados que fueron cambiados de puesto y no se les ajustó la remuneración. Foto: Luis Navarro

El ICE no ha dicho si el ajuste de los cargos desplazará a empleados de menor rango para acomodar a los experimentados y mejor calificados exjefes. Si la historia sirve de indicador, todos quedarán a bordo.

Aun así, la institución espera ahorrar unos ¢4.598 millones anuales. ¿Cuánto habría ahorrado si los ajustes se hubieran hecho cuando los jefes quedaron sin subalternos? ¿Quiénes desperdiciaron semejante oportunidad de economizar fondos públicos y quién les reclamará tan cara omisión?

En el 2015, la Dirección Jurídica explicó el río de millones como necesario para no afectar «la tranquilidad laboral y conveniencia institucional». Es mejor fingir la existencia de una jefatura, cuando menos el día de pago, que arriesgar el enojo de su titular. Ahora sabemos, por boca de la propia institución, cuánto hemos invertido en preservar la tranquilidad.

Las ofrendas de paz a las jefaturas innecesarias las pagan las industrias y comercios, obligadas a presentar mensualmente el tributo a costa de su competitividad. También los hogares, incluidos los más humildes, están compelidos a aplacar la ira del cacicazgo superfluo. Nadie se salva, ni siquiera los desempleados en una economía frenada por los costos de la electricidad.

Según la Asociación Nacional de Técnicos y Trabajadores de la Energía y las Comunicaciones (Anttec), «este es el momento de erradicar la corrupción en la institución» y romper con estructuras de corte feudal, alimentadas por el amiguismo y la arbitrariedad. Esa también sería una estupenda noticia. Queda, sin embargo, el sabor amargo de tantos años de abuso constatado y la fundada sospecha de excesos subsistentes.

agonzalez@nacion.com