Armando González R.. 1 febrero

“Recibimos un país hipotecado”, afirma el presidente, Carlos Alvarado. El reclamo no es partidario, sino generacional. “Mucha gente interpretó que estoy hablando de partidos políticos y gobiernos. No es ese mi enfoque”, aclaró. ¡Lástima! La hipoteca existe y, como dijo el mandatario, sus causantes no la pagarán. Razón de más para no echar su irresponsabilidad en el olvido.

Es indispensable hablar de gobiernos y partidos, comenzando por los más próximos al mandatario. La crisis fiscal es producto de décadas de demagogia, clientelismo y mentiras. Un Congreso incapaz de sumar, pero desesperado por repartir, distribuyó más del cien por ciento de un impuesto y dispuso, sin darse cuenta, la entrega a las municipalidades de la mitad del dinero disponible para financiar el gobierno nacional.

Un Ejecutivo empeñado en sortear la crisis del 2008 aumentó en decenas de miles la planilla estatal y, convencido de la necesidad de incrementar los salarios en el Gobierno Central, pasó por alto los efectos de la ley de enganche médico —aceptada por otra administración para poner fin a una huelga— y puso a la Caja Costarricense de Seguro Social al borde de un abismo.

Pero la responsabilidad del Partido Acción Ciudadana (PAC) es particularmente grave. Cuando ya no cabía duda de la seriedad del problema y hubo una administración dispuesta a pagar el costo político de impulsar una solución, la mitad de la fracción legislativa se empeñó en descarrilar la iniciativa. Luego, en campaña electoral, prometió no promover nuevos impuestos en los primeros dos años de administración, durante los cuales se dedicaría a enseñarnos a gastar con eficacia.

El PAC restó gravedad al déficit fiscal y acusó a quienes insistíamos en su importancia de estar “obsesionados” con el tema. Luego, aprovechó para desbordar los presupuestos y declarar inútil la reforma al empleo público porque sus efectos tardarían en manifestarse. No habían pasado los dos años de la promesa, cuando el PAC planteó un aumento de impuestos. El resto de la administración lo dedicó a insistir sobre eso, sin ofrecer frenos al gasto. Cuando hacía de oposición, había saboteado un intento de reforma al gasto público.

Es cierto, como dijo el mandatario, la crisis se fraguó a lo largo de décadas, pero en los últimos años hubo voluntad de enfrentarla y se estrelló contra la acción irresponsable de su partido. Eso le confiere al PAC una responsabilidad especial, aunque no absuelva a sus antecesores.

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Armando González es editor general del Grupo Nación y director de La Nación.