Armando González R.. 26 septiembre

“Que paguen más los que más tienen”, reza el lema invocado cada vez que el gobierno se siente obligado a pasar el sombrero para financiar sus gastos. Tras el lema hay una lógica inobjetable y una apelación directa al más elemental sentido de la justicia. El retorcimiento ético requerido para invertir el eslogan es impensable. Ni siquiera cabe discutirlo. Quienes más tienen deben pagar más ¡y punto!

La reconfortante aura de consenso pierde brillo si preguntamos para qué. Los más afortunados deben contribuir más a la preservación y extensión del bien común, pero los aportes solicitados periódicamente por el gobierno no siempre responden a esas razones y motivos.

Que paguen más los que más tienen… para financiar pensiones de ¢9,5 millones en un país donde la jubilación promedio ronda ¢260.000 ya no suena tan justo. Los que más tienen han venido pagando más para financiar la lucha contra la pobreza, pero está estancada mientras los salarios y beneficios de una parte del sector público surcan la estratosfera. Hay ejemplos hasta para hacer dulce.

Los que más tienen, por otra parte, tienen lo necesario para invertir y crear empleo. Así funciona el sistema. Empujarlos hasta el límite de la frontera tributaria es siempre riesgoso. Si tienen más, deben pagar más, no por el mero hecho de tener, sino para satisfacer imperiosas y justas necesidades sociales. Entre ellas no están los subsidios y exenciones concedidos prácticamente a perpetuidad a más de una empresa.

Hemos llegado, una vez más, al escenario idóneo para desempolvar el lema. El país está al borde de un abismo y para sacarlo adelante es imprescindible pedir a los que más tienen pagar más. Deberán hacerlo por varias razones, incluida la propia conveniencia. La situación es apremiante y la respuesta inmediata es el aumento de la carga tributaria.

No obstante, quienes más pagan tienen derecho a preguntar para qué y, más allá de preguntar, tienen derecho a exigir los ajustes requeridos para asegurar la eficacia de sus contribuciones. El lema debe dejar de servir de coartada para trasladar el dinero de los que más tienen a los cofres del privilegio sin beneficio para los desposeídos ni para el desarrollo.

Que paguen más los que más tienen… para coadyuvar en la medida de su riqueza a mantener un Estado suficiente y eficiente, no una burocracia sin límites, siempre dispuesta a exigir más a quienes más tienen y a los que no tienen, también.

agonzalez@nacion