Armando González R.. 8 febrero

Diego Bosque, periodista de ameliarueda.com, preguntó a la ministra de Justicia Marcia González sobre el pago del impuesto solidario de su residencia, inscrita a nombre de una sociedad de la cual es representante. Al día siguiente, la funcionaria corrió a cancelar el tributo, también conocido como “impuesto a las casas de lujo”.

La sociedad estaba morosa desde el 2017. Cuatro años son muchos, especialmente en un momento tan delicado para los asuntos tributarios. La funcionaria tenía asiento en un gabinete comprometido con el aumento de impuestos y la buena recaudación, indispensables para paliar la crisis fiscal.

La noticia de la morosidad habría abierto una herida política, de ninguna manera letal. No hubo fraude ni evasión, solo demora. La propiedad fue declarada y la administración tributaria la tenía tasada para hacer el cobro, más las multas e intereses del caso, como en efecto ocurrió.

Pero la ministra intentó tender un velo sobre su omisión. Aseguró estar al día y envió imágenes de los recibos al periodista. Las fotos fueron captadas de forma que solo se ve el periodo cancelado, no la fecha de pago. Bosque no tardó en confirmar, por otros medios, la fecha de cancelación de los cuatro periodos. Todos fueron pagados en enero de este año, inmediatamente después de las primeras consultas a la funcionaria.

Confrontada con la verdad, la ministra admitió el pago atrasado, pero ya era tarde para cosechar frutos de la sinceridad. Presentó la renuncia, y cuando el presidente explicó sus razones para aceptarla mencionó la importancia de no sembrar dudas sobre el pago de impuestos, pero dejó entrever su disgusto por la falta de candidez.

La lección nunca será aprendida, pese a su frecuente reiteración: el encubrimiento es más dañino que la falta. Luego de hacer el pago, la ministra pudo haber sobrevivido a la noticia de su morosidad, pero no hay vida política más allá de la pérdida de confianza. ¿Cómo creer en las cifras de hacinamiento carcelario o en las razones de su crecimiento o disminución, después de ver los recibitos silenciados por el ángulo de la foto?

Quien se aventura a surcar las aguas del encubrimiento quema las naves y deposita toda esperanza en el éxito del ardid. Ni los políticos ni sus asesores de comunicación deberían olvidarlo. Los anales rebosan de lamentos por la falta de una oportuna admisión de responsabilidad. Si la franqueza se hace acompañar de una petición de disculpa, miel sobre hojuelas.

agonzalez@nacion.com

Armando González es editor general del Grupo Nación y director de La Nación.