Armando González R.. 12 enero

La ciencia aplicada al estudio del cambio climático se ha venido equivocando y sus protagonistas lo admiten. Las fallas no se relacionan con la descripción del fenómeno, la identificación de sus causas y el pronóstico de escalofriantes consecuencias para el planeta y la humanidad. Por infortunio, los errores están en las estimaciones del tiempo disponible para evitar daños irreversibles.

“Hace treinta años lo predijimos y ahora lo estamos experimentando”, dice Inez Fung, estudiosa de la atmósfera en la Universidad de Berkeley. Como ella, otros científicos se muestran casi sorprendidos por la celeridad del cambio. No todos esperaban vivir los efectos previstos en los modelos elaborados hace tres décadas.

La mayor parte del exceso de calor atrapado en la atmósfera por los gases de efecto invernadero se acumula en los océanos

Michael Mann, investigador de la Universidad de Pensilvania, está entre las principales autoridades sobre la materia. En declaraciones al diario inglés The Guardian observó que los impactos del cambio climático ya no son sutiles. “Los estamos viendo manifestarse en tiempo real”, afirmó. Como científico, dice, la concreción de sus pronósticos fortalece la confianza, pero, “como ciudadano del planeta Tierra, angustia ver la demostración de la falta de acciones necesarias”.

En octubre, el Panel Intergubernamental del Cambio Climático organizado por las Naciones Unidas para integrar las investigaciones de expertos de 195 países revisó las estimaciones anteriores para advertir la necesidad de hacer ajustes dramáticos, en apenas doce años, si queremos impedir un aumento del calentamiento global en más de 1,5 °C. Más allá de esa frontera, aunque sea solo medio grado, el clima cobrará un alto precio a la humanidad, especialmente la más desvalida.

Ahora, un estudio publicado en The Journal of Science corrige los cálculos sobre el calentamiento de los océanos. El aumento de la temperatura ocurre a un ritmo 40 % mayor que el calculado hace cinco años por el panel de las Naciones Unidas. En cada uno de los últimos años, la temperatura del agua ha establecido una nueva marca histórica.

La mayor parte del exceso de calor atrapado en la atmósfera por los gases de efecto invernadero se acumula en los océanos. Ya hay graves daños a los ecosistemas marinos y el aumento de las mareas afecta asentamientos humanos en todo el mundo. Los huracanes son cada vez más destructivos y súbitos en su desarrollo.

Las rectificaciones de la ciencia llaman a actuar de inmediato para frenar una amenaza sin precedentes a nuestra especie.

Armando González es editor general del Grupo Nación y director de La Nación.