Armando González R.. 9 marzo

El fenómeno de las falsas noticias difundidas por Internet no es exclusivo de la vida política, pero es ahí donde ha dado más que hablar. La prominencia inicial del problema está ligada al referéndum para decidir la salida británica de la Unión Europea e, inmediatamente después, a la elección estadounidense del 2016, cuyo resultado pudo haber sido distinto en ausencia de informaciones sin asidero en la realidad.

Pero las prácticas fraudulentas en las redes sociales desbordan los límites de la política y se adentran en otros terrenos, donde su potencial dañino también es enorme, especialmente el de la salud, tan propenso para la exageración o la falsedad empacada en palabras con sonoridad científica, de difícil comprensión para la generalidad.

Así como los jóvenes macedonios dedicados a inventar informaciones sobre Hillary Clinton procuraban hacerlas cada vez más escandalosas para generar clics e incrementar sus ganancias, los redactores de falsas noticias de salud (entre los cuales podrían estar los mismos chicos macedonios) conocen la importancia de la sorpresa y el aguijón clavado en la curiosidad. Mientras más escandalosa sea la noticia, mayores son las ganancias y también los perjuicios, pero esto último no parece importarles.

En Sudáfrica, los padres de familia dejaron de mandar a sus hijos a las escuelas cuando una nota difundida en Facebook “informó” del vínculo entre la lectura y el cáncer cerebral. Las autoridades brasileñas se vieron obligadas a invertir tiempo para desmentir supuestos peligros asociados a las pruebas para detectar el cáncer de mama y las “noticias” sobre el vínculo entre las vacunas, el autismo y otros padecimientos abundan en todos los idiomas.

La ausencia de niños en aulas sudafricanas es un mal menor si se le compara con las consecuencias de no vacunarlos o se piensa en el efecto de suspender un tratamiento por temor a la medicina prescrita. En Costa Rica, hace poco circularon “noticias” sobre la contaminación de un fármaco distribuido por la seguridad social.

Cincuenta y tres de las cien noticias más difundidas en los Estados Unidos por las redes sociales y WhatsApp durante el 2018 no reunían condiciones de credibilidad, según el estudio de Credibility Coalition y Health Feedback, dos organismos especializados. El daño para la salud pública es preocupante, señala el reportaje publicado por este diario el 3 de marzo. Las habas de la falsedad no solo se cuecen en la política. Enfrentamos un reto mucho más amplio.

Armando González es editor general del Grupo Nación y director de La Nación.