Armando González R.. 8 septiembre

La semana previa a los tristísimos incidentes xenófobos en el parque de La Merced, las redes sociales bullían con falsas informaciones sobre la quema de nuestra bandera por refugiados nicaragüenses y la construcción de precarios para albergarlos a costa de la Hacienda pública.

Para comenzar, conviene preguntarse a quién beneficia la violencia contra refugiados nicaragüenses en nuestro país

Luego se produjo la convocatoria, por las mismas redes, para “retomar” el parque, como si en algún momento hubiera salido del dominio nacional. La convocatoria se hizo al amparo del anonimato, pero eso no desanimó a unas cuantas decenas de ignorantes, propensos a creer cuanto leen en Internet y dispuestos a engrosar agresivas manadas de “manifestantes”.

De la manifestación, los convocados pasaron a un tipo de agresión pocas veces vista en Costa Rica, motivada, sin más, por la nacionalidad de la víctima. Para añadir asombro a la sorpresa, la Policía decomisó ocho cocteles molotov, cuatro puñales, un bate de béisbol y varias cuchillas.

Tanto odio y violencia obligan a aceptar una realidad muchas veces negada por comprensibles razones de orgullo nacional. El país es vulnerable, como tantos otros, a la instigación de pasiones irracionales por medios electrónicos. Los mensajes apenas consiguieron movilizar a una minoría, pero demostraron su capacidad para sembrar discordia y desazón.

La xenofobia y el racismo existen en todas las sociedades. La nuestra creía tenerlos bajo control, como es el caso de otras naciones, otrora seguras de su tolerancia y ahora víctimas de la discordia sembrada por bien orquestadas campañas electrónicas. En Estados Unidos, Alemania y otros países de Europa, entre ellos la magnífica Francia de la igualdad, fraternidad y libertad, las redes sociales siembran discordia, temor y violencia. Las autoridades atribuyen la desinformación e incitación al odio a grupos extremistas apoyados por gobiernos hostiles.

El planteamiento llama a meditar. Para comenzar, conviene preguntarse a quién beneficia la violencia contra refugiados nicaragüenses en nuestro país. Los hechos asestan un golpe al prestigio de la Costa Rica comprometida con los derechos humanos y erguida frente a los desmanes de Ortega. De paso, castigan a quienes huyen de su régimen abusivo. ¿Serán las falsas informaciones y anónimas convocatorias mera obra de la ignorancia local o habrá en ellas un propósito ulterior y un alcance insospechado? Para evitar una especulación desbocada, pongo el punto final, no sin antes señalar a Ortega como vencedor de la jornada en La Merced, sea por designio o por casualidad.

Armando González es editor general del Grupo Nación y director de La Nación.