Armando González R.. 9 febrero

A falta del don de viajar al futuro, es difícil predecir si Nicolás Maduro conseguirá superar la crisis actual. Si lo consigue, es fácil imaginar la siguiente. No tardará porque el régimen venezolano viene en caída libre por razones objetivas, imposibles de revertir sin cambios radicales en la gestión de la economía, el paso de mucho tiempo y grandes dosis de paciencia y disciplina.

La reconstrucción de la industria petrolera, destruida a fuerza de pésimo mantenimiento, fuga de talentos y conflictos laborales tardará años aunque el manejo se confíe a los conocedores. Quizá para entonces el petróleo no vuelva a ser el gran generador de riqueza de otros tiempos. Grandes productores, como Arabia Saudita, ya ponen en práctica programas de diversificación para prevenir el declive de los combustibles fósiles.

En suma, la salida de esta crisis, si Maduro la encuentra, será la antesala de la próxima

Corregir tasas de inflación de 1,3 millones % anuales es una tarea titánica y, probablemente, imposible para quienes causaron el desastre. En esas condiciones, abastecer a la población de bienes y servicios esenciales es un reto formidable, sobre todo, para un país aislado del concierto internacional y sometido a sanciones.

En suma, la salida de esta crisis, si Maduro la encuentra, será la antesala de la próxima. La suerte está echada. También están claras las señales de debilitamiento del régimen. Los altos mandos militares, comprometidos con la corrupción y los crímenes del gobierno, reiteraron su respaldo a Maduro, pero la reacción frente a Juan Guaidó contrasta con las acciones brutales y expeditas contra Leopoldo López y otros dirigentes de la oposición.

López nunca estuvo cerca de plantear un reto tan formidable al poder chavista. El exalcalde de Chacao encabezó una resistencia valiente y decidida, pero el régimen no tardó en desatar su furia sobre él y lo sometió a presidio político luego de una pantomima de juicio. Guaidó se proclamó presidente y obtuvo el reconocimiento de decenas de países democráticos. Estados Unidos, donde Petróleos de Venezuela y Citgo hacen la mayor parte de sus negocios, le entregó el control de las cuentas de su país.

Tantas amenazas concentradas en un solo hombre habrían hecho pensar en una acción represiva inmediata, pero Maduro no se ha atrevido a ejercerla. Teme la reacción popular y, seguramente, teme al día en que el Ejército, especialmente, los rangos inferiores, rehúsen disparar. Eso puede suceder en cualquier momento. En esta crisis o en la próxima.

Armando González es editor general del Grupo Nación y director del periódico La Nación.