Jorge Vargas Cullell. 16 mayo

Hay un undécimo mandamiento, apócrifo, que sigo a pie juntillas, como si fuera uno de los oficiales: no estorbar.

“¡Ojo!” —me dirán muchos— “No hay tal mandamiento: estorbar es a veces necesario y una obligación cívica”. Cuando una persona denuncia un chorizo, o una comisión legislativa investiga acontecimientos como el del cemento chino, el estorbo impide que una o varias manzanas podridas sigan haciendo de las suyas.

Celebro las ganitas de destacarse, la ambición de dejar huella, pero ¡por favor!, ilustres padres y madres de la patria, apliquemos esa energía a cosas útiles

Pensándolo bien, tienen razón. A diferencia del “amaos los unos a los otros”, un mandato ético y moral universalista, mi autoproclamado mandamiento carece de esa dimensión ontológica. Cuando pienso en que Varguitas no sea una piedra en el zapato (o cualquiera con capacidad de influir en acontecimientos de interés público), lo hago condicionalmente, en relación con iniciativas innovadoras o con aquellas que resuelven problemas. En esas condiciones, pararse en la escoba es una majadería.

Ese es, precisamente, el dilema de la nueva Asamblea Legislativa. Hay diputados fosforones con deseos de ir por la vía rápida y furiosa: ojalá lucirse en una comisión investigadora de cualquier cosa. Ya uno propuso investigar…¡las sentencias del Poder Judicial!

Celebro las ganitas de destacarse, la ambición de dejar huella, pero ¡por favor!, ilustres padres y madres de la patria, apliquemos esa energía a cosas útiles. No perdamos tiempo en tonterías. Una humilde sugerencia: ¿Por qué no aplican esas maripositas en la panza en lograr que un Congreso multipartidista apruebe un primer proyecto de reforma fiscal, técnicamente serio y políticamente equilibrado, que contemple medidas de ingreso y gasto público?

De Restauración, un partido novato con una bancada numerosa, uno puede esperar devaneos. Toda infancia es aprendizaje. Del PIN o el Republicano Socialcristiano, uno desearía que no empezaran con el bloqueo a cambio de prebendas, toda una tradición entre partidos minoritarios.

La clave, sin embargo, es Liberación Nacional, la fracción más grande y un partido con casi 70 años de presencia continua en el Congreso: ¿Será una oposición leal, dura, pero constructiva, o se lo comerá el despecho por haber perdido una segunda elección presidencial consecutiva?

La otra clave es el nuevo gobierno: ¿Será líder activo de la difícil negociación fiscal o estorbará con planteamientos inconsistentes y renuncia a liderar? En los próximos días sabremos la respuesta.

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