Jorge Vargas Cullell. 27 mayo

¿Qué vamos a hacer con la población cuya situación cayó en picada debido al parón económico originado por la pandemia cuando pasen los tres meses para los que hay plata del bono proteger?

El dinero podrá acabarse, pero la necesidad no. Cientos de miles de hogares cuelgan hoy del hilo de este bono para medio comer; si se termina, quedarán en media calle. Una situación así es éticamente inaceptable, una carga de profundidad en contra del modelo social costarricense.

¿Podrán estas personas llegar a algún tipo de acuerdo? ¿Terminarán a los gritos y golpes? ¿Hay una cuarta posibilidad que ninguno está viendo?

Empero, si quisiéramos prolongar el bono proteger o una nueva batería de ayudas para evitar un desastre humanitario: ¿De dónde sacar la plata? ¿Por cuánto tiempo más dar la asistencia? ¿Hay alguna manera de poner fin a esta política?

Desde el punto de vista fiscal, la situación del Gobierno Central es desesperada y se agrava cada día. Los ingresos caen debido a la contracción económica y las moratorias aprobadas; por otra parte, los gastos aumentan debido al esfuerzo para paliar los efectos de la crisis. Por el momento, nos la estamos jugando mediante un rápido endeudamiento, que este año agregará unos 5 puntos del PIB a la deuda pública.

Esta ruta es, sin embargo, insostenible: ¿Cómo pagaremos la operación del gobierno y sus políticas en el 2021? No es realista suponer que todos los años conseguiremos préstamos concesionales por el monto en que lo haremos este año. ¿Entonces qué? Estas preguntas puras y duras encierran el grave problema de política pública que tendremos que resolver en los próximos meses.

Imaginemos a tres personas discutiendo sobre el tema. La primera dice: “Si la plata no alcanza, hay que recortar la política social; no es momento de impuestos y préstamos”. La segunda propone: “Si la plata no alcanza, hay que recortar gastos y vender instituciones, aunque miles de funcionarios se vayan a la calle”. La tercera manifiesta: “Lo que se necesita son nuevos recursos, una sobretasa de solidaridad a los más ricos para evitar el desastre social”.

¿Podrán estas personas llegar a algún tipo de acuerdo? ¿Terminarán a los gritos y golpes? ¿Hay una cuarta posibilidad que ninguno está viendo?

Situación compleja: la manera como lo resolvamos definirá la historia del país en las próximas décadas. ¡Qué responsabilidad! Al toro por los cachos: sería conveniente que el gobierno plantee cuanto antes esta discusión. Nada ganamos eludiéndola.

El autor es sociólogo.