Columnistas

Enfoque: Sistema de control

Nuestro aparato burocrático copió algo de los planes quinquenales soviéticos.

En la extinta Unión Soviética, los planes quinquenales establecían los objetivos de la producción y niveles de vida al cabo de cinco años, y se cumplían con nota sobresaliente. Había oficinas enteras velando por la ejecución. Informes iban y venían, así como premios y castigos.

El país se caía a pedazos, pero los planes iban viento en popa. Siempre hubo mentirosos que falsificaban cifras y las altas autoridades tapaban fracasos; sin embargo, la gran mayoría de los objetivos se alcanzaban. ¿El truco? Poner metas facilísimas, verdaderos jamones, disfrazarlos de logros y cumplir los procedimientos, no trasgredir ni uno, pues apartarse de la línea era mucho peor que incumplir una meta.

El culto a la formalidad: la planificación y el sistema de control sobre la acción pública eran rituales que debían atenderse —la carrera política o profesional dependía de ello—, aunque todos supieran que no tenían utilidad práctica. Como cuando la gente va a misa por costumbre, para ver y que la vean.

Todo esto para decir que, si bien aquí no tenemos socialismo burocrático, nuestros sistemas de planificación y control en el sector público copiaron algo de eso. Hay una parafernalia de planes operativos, reglamentos de control interno, de ética, valoración de puestos y agréguele todas las matrices en Excel que se puedan imaginar, con objetivos, subobjetivos, metas, marcos lógicos. Una gran parte del tiempo institucional se va en llenar formularios.

Al final, sin embargo, mucho rinrín y nada de helados. Esa parafernalia premia con beneficios a la persona que no mueve un pelo, siempre que logre un “objetivo” —usualmente definido de manera inercial— y se cuide de no violar alguna de las muchas estipulaciones que rigen a un gerente público. Lograr resultados no cuenta.

Y, por supuesto, están los celosos vigilantes de que los rituales se cumplan. No importa que la calidad de la política pública sea mala o tardía: algún lamento, pero nadie sale rascando. Sin embargo, ¿se incumplió un procedimiento, aunque fuera por resolver una emergencia? Ahí, sí, caen rayos.

Esta lógica quedó nítidamente expuesta en la sanción de la Contraloría a la hoy exministra de Hacienda. No sé si fue la única razón de su salida: la especulación no es lo mío. Sí sé que el sistema de control quedó expuesto: ciego y sordo a la realidad, castigó a quien evitó una crisis. Lo demás es poesía.

vargascullell@icloud.com

El autor es sociólogo.