Jorge Vargas Cullell. 29 julio

Se nos fue el mes de julio en un abrir y cerrar de ojos. ¡Qué mesecito más ayuno de buenas noticias! El país y, hay que decir el mundo entero, lleva palo por la crisis de la pandemia, sus efectos económicos y sociales, y por la creciente impaciencia y exasperación de muchos.

Ojalá pudiera volver atrás en el tiempo e intentarlo de nuevo para ver si las cosas se darían diferentes. Lo dudo: la pandemia expuso la fragilidad de nuestros sistemas sociales y habría que imaginar un mundo sin la covid-19. Quedó al desnudo lo endeble de toda la sofisticada arquitectura tecnológica de las redes globales de producción, comercio y finanzas, incluida la ilusión distópica de que eran autónomas de la naturaleza.

La pandemia pasará, como otras a lo largo de la historia. Empero, es un campanazo de alerta para prefigurar las consecuencias que tendrá, por ejemplo, una crisis mundial prolongada como la que propiciaría el cambio climático, de seguir los humanos alterando los equilibrios naturales.

Ahí, sí, no tendríamos la esperanza de una vacuna a corto plazo, pues, cuando la naturaleza se altera, las disrupciones podrían extenderse por mucho tiempo, siglos incluso. Y ello requeriría cambios drásticos para crear sociedades más resilientes que aún ni siquiera hemos empezado a pensar.

La vida, sin embargo, tiene su salsa. De repente, justo cuando uno cree que nada camina bien, hay brotes de esperanza aquí y allá. En Inglaterra, China y Estados Unidos anuncian grandes avances en las pruebas médicas para dar con una vacuna.

En Costa Rica, el Instituto Clodomiro Picado de la Universidad de Costa Rica logró superar una nueva fase en las investigaciones clínicas para producir un tratamiento contra la covid-19.

La misma esperanza me da cuando veo iniciativas como Speratum, una compañía de biotecnología costarricense que lleva a cabo investigaciones oncológicas de punta. O el esfuerzo de Ad Astra por utilizar el plasma como fuente de energía para la industria aeroespacial. Pienso entonces que este país puede crear una historia distinta si nos volcamos a conectar la innovación con la resolución de los problemas graves.

A veces una columna de opinión es más un sentimiento que un juicio. Hoy es una de estas. No pude evitarlo. Este columnista también siente estos meses de incertidumbre y crispación.

El autor es sociólogo.