Jorge Vargas Cullell. 19 febrero

¿Qué es lo que vamos a hacer? Esa es, desprovista de distracciones, la urgente cuestión del día en el plano de las finanzas públicas.

No puedo decir que sería bueno ahorrarnos los enfervorizados discursos, la repartición de culpas, los “yo acuso”, los “¿cómo es posible?”, los “creo en Costa Rica” y otros etcéteras. La democracia siempre trae consigo la discusión pública, a veces transmutada en excesiva cháchara, pues ambas son consustanciales a nuestro régimen de libertades.

Esas discusiones son necesarias, y todo se relaciona con todo, pero la urgencia es fiscal.

El tema, sin embargo, es si al final hay acción o no. Ese es, para mí, el dilema que el sistema político debe nuevamente resolver cuando otra vez aprietan las finanzas públicas.

Sabíamos que la reforma fiscal del 2018 no era la cura milagrosa para el hoyo fiscal. Ayudó a evitar una crisis de liquidez y contribuirá a estabilizar, a largo plazo, las finanzas públicas, si sus normas se aplican. El 2019 se nos fue en su implementación y en la batalla jurídico-política por la interpretación de la ley, asunto que sigue abierto, visto el desencuentro entre Hacienda y la Contraloría.

Pues bien, la reforma no alcanzó y es necesario una nueva ronda de ajustes fiscales. Hace un par de semanas, el gobierno puso a discusión pública un plan. Muy en concreto: ¿Qué le quitan y qué le ponen en la Asamblea Legislativa? ¿Hay acuerdos que pueden ir resolviéndose? ¿Dónde no y, entonces, cuál alternativa hay?

Estas preguntas hay que enfrentarlas con realismo y sensatez porque las papas vuelven a quemarse. Es mal momento para que un sector procure colar su visión maximalista, que, en el apuro, exija un alto precio político o meta en el sancocho temas que requieren discusiones paralelas, tales como la reforma del Estado o cambios en el modelo económico del país. Esas discusiones son necesarias, y todo se relaciona con todo, pero la urgencia es fiscal.

Como nos podemos equivocar, y feo, lo mejor es administrar riesgos y apostar por el acuerdo que es posible ya, ahora, cuando todos los partidos empiezan a ver en el horizonte las elecciones del 2022.

Hoy, por supuesto, todo el mundo se cura en salud. ¿Hablamos de evasión? Los empresarios protestan. ¿Hablamos de reducir el gasto, vender o cerrar instituciones? Los sindicatos protestan. Esas protestas deben manejarse con cuidado, pues, en exceso, pueden pasearse en la modestísima recuperación económica de los últimos meses.

El autor es sociólogo.