Jorge Vargas Cullell. 13 febrero

La mayoría de los costarricenses quieren algo así como un acto de magia. Desean mantener una participación fuerte del Estado en la vida económica y social del país y al mismo tiempo apoyan una profunda reforma a la organización y funcionamiento de ese mismo Estado. Dicho en términos filosóficos: quieren “esto” pero no este “esto”. O sea, báilenme ese trompo en la uña. “A ver, Varguitas, por favor: ¿De dónde sacó esa tajante afirmación? ¿No está inventando usted ese cuento?”.

Se toparán con grandes resistencias populares si, a la luz de los ajustes fiscales, procuran colar un programa neothatcherista

Vieran que no. El año pasado, a propósito de las elecciones, cerca de 300.000 personas llenaron el Votómetro, una iniciativa del Estado de la Nación. Respondieron 32 preguntas sobre asuntos controversiales y podían comparar sus respuestas con las que los candidatos presidenciales habían dado sobre la misma materia (vea resultados en www.estadonacion.or.cr/2018/assets/en2018.pdf páginas de la 209 a la 215).

Alrededor del 90 % de la gente quiere cosas como que se pueda despedir a los malos funcionarios; el cierre de instituciones que duplican labores y revocatoria de mandatos a diputados. Sin embargo, mayorías de cerca del 70 % se oponen a la venta de empresas públicas y defienden el gasto en la educación pública, para citar algunos ejemplos. En otros asuntos, como el aborto y las parejas del mismo sexo, el ayote está partido por la mitad.

Con vistas a estos resultados, pareciera que varios sectores están leyendo equivocadamente el clima ciudadano. Erran quienes creen que los costarricenses defienden el statu quo en el sector público (privilegios e ineficiencias) por el hecho de que apoyen un Estado robusto. Subestiman el cabreo popular contra el mal funcionamiento público. Los sindicatos típicamente cometen este error y, creo, eso les costó la derrota de su huelga general e indefinida.

Se equivocan también quienes creen que la crítica ciudadana a este Estado, su enojo por la ineficiencia, es un cheque a favor de reformas neoliberales de privatización y achicamiento de programas públicos. Se toparán con grandes resistencias populares si, a la luz de los ajustes fiscales, procuran colar un programa neothatcherista.

Los costarricenses son más confisgados. Ante las tristes realidades, quieren magia, como dije al inicio, y el mago no aparece. Quieren un Estado moderno, cercano a las necesidades de la gente, pero, agrego yo, que no infrinja y más bien alimente las libertades. Más fácil sacarle caldo a un riel.

El autor es sociólogo.