Jorge Vargas Cullell. 19 diciembre, 2018

Curioso este 2018. Se me hizo de nunca acabar, pues saltamos de una taquicardia a otra: elecciones atípicas, huelga general indefinida, aprobación del plan fiscal. Si levanto la mirada, tuvimos paladas de acontecimientos para comer uñas: crisis política en Nicaragua, caravanas de migrantes centroamericanos, británicos en el laberinto del brexit, guerra comercial entre China y Estados Unidos, para decir algunos.

Ahora, como para terminar de complicarla, se descochera Nicaragua debido a la perversidad de la dictadura Ortega-Murillo

Al mismo tiempo, sin embargo, tanto atropello me hizo el año cortísimo. Apenas abrí los ojos y ya era diciembre. Una vez más me faltó tiempo para departir con mis amigos, cosa que me entristece, pues, ¡qué caray!, los afectos son como el sol cálido de la mañana.

Es diciembre, cierto, pero el año aún no acaba, y aunque muchos levan anclas, a otros nos comen los pendientes. ¡Qué curiosos estos días decembrinos: queremos concluir todo, como si no hubiera mañana! Pero mañanas siempre habrá, con o sin nosotros.

Retomo el hilo de mis pensamientos (hoy ando disperso) y me enfoco en lo que quería hablar: de la niña migrante guatemalteca de siete años que murió en territorio estadounidense, apagándose a poquitos, luego de pasar días sin comer ni beber deambulando con su padre y un grupo de “mojados” por una zona remota del desierto.

Es una tragedia que sintetiza la realidad de la persistente emigración de centroamericanos, una verdadera sangría empujada por la desesperación, la pobreza y la violencia que viven millones de seres humanos, y por el fracaso de las élites políticas y empresariales en los países del “triángulo norte” del Istmo para construir sociedades inclusivas. Ahora, como para terminar de complicarla, se descochera Nicaragua debido a la perversidad de la dictadura Ortega-Murillo. Más migrantes a la vista.

Pareciera que el mundo se ha puesto a caminar: flujos masivos de migrantes se empeñan en borrar fronteras, sin ser disuadidos por los muros, reales o simbólicos, ni por la xenofobia.

Por eso es un acierto que 181 países, Costa Rica incluida, aprobaran en la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) el Pacto Mundial sobre Refugiados y que, hace una semana, en Marrakech, se acordara el Pacto para la Migración Segura, Ordenada y Regular que será votado pronto en la ONU. Ambas son piezas que facilitarán un enfoque más colaborativo entre países y de mayor protección a las poblaciones para tratar este gran problema contemporáneo.