Jorge Vargas Cullell. 12 junio

Mazamorra: bonita palabra. Es musical, pues tiene una lenta cadencia, y polisémica, con diez distintas acepciones según la Real Academia, algunas metafóricas. Es, en suma, la palabra que buscaba para hoy. ¿Por qué? Vean este par de significados: “Cosa desmoronada y reducida a piezas menudas, aunque no sea comestible” y “galleta rota que queda en el fondo de los sacos de provisión y se aprovecha para hacer la calandraca”.

Me gustó lo de la calandraca. Otra palabra bellísima, larga y sonora: “Sopa que se hace a bordo con pedazos de galleta cuando escasean los víveres”. O sea, un feo puré para ser tragado cuando no hay de otra. También significa: “Conversación molesta y enfadosa”.

El problema de hoy es otro: encontrar respuestas a un problema económico complejo, con una buena dosis de innovación y colaboración política para sacar a la producción y el empleo del marasmo.

En fin, es junio del 2019 y la política en Costa Rica está cuajando una innecesaria mazamorra, que nos receta una calandraca evitable. Lo dije, y punto. O no, mejor me explico para así evitar malentendidos. O, quizá, para incitarlos.

Lo de la mazamorra lo digo por el callejón sin salida en el cual las fuerzas políticas (gobierno, oposiciones, gremios empresariales y sindicales) han caído ante una economía desacelerada, que no genera empleo, a las puertas de la entrada en vigor de la reforma tributaria y cuando se aproxima la aplicación de la regla fiscal y las modificaciones al empleo público. De feria, vivimos un contexto internacional ensombrecido por la guerra comercial entre EE. UU. y China. Esto provoca un ruidazal que mina la confianza de hogares y empresas.

El gobierno anuncia un plan de reactivación y está por verse si revierte meses de poca iniciativa y sin mensaje claro. Veremos si le creen y si él mismo se lo cree. En la Asamblea Legislativa, algunos partidos de oposición echan leña al fuego, pues consideran que el ataque a ultranza al gobierno les dará réditos. Los sindicatos suenan tambores de guerra. En las redes, calenturientos hablan del “gobierno socialista” y la deriva chavista; otros, del gobierno fascista. Todo esto suma para la calandraca.

Antes, utilicé los términos “innecesaria” y “evitable”. La suma de estos miedos y desconciertos desconciertan. A diferencia del año pasado, el país no está al borde del precipicio. El problema de hoy es otro: encontrar respuestas a un problema económico complejo, con una buena dosis de innovación y colaboración política para sacar a la producción y el empleo del marasmo. Para esta tarea, las calandracas no sirven; la cabeza fría y el diálogo, sí.

El autor es sociólogo.