Jorge Vargas Cullell. 6 marzo

La Asamblea Legislativa aprobó el lunes una amplia reforma al reglamento de procedimientos parlamentarios. Ese reglamento regula la manera como el Parlamento trabaja cuando decide sobre las iniciativas de ley así como a la hora de ejercer el escrutinio sobre los asuntos públicos.

En una proporción de 4 a 1 (41 a favor, 11 en contra), los congresistas derribaron el statu quo con el apoyo de Liberación Nacional, el PAC, el PUSC y Restauración. La voluntad fue clara: se superó el difícil requisito de los 38 votos necesarios para cambiar el reglamento. Para mí, es evidente que sin voluntad y mucho trabajo conjunto el esfuerzo se habría descarrilado.

¿Y qué cosa era el statu quo? Un reglamento legislativo cuya última reforma de amplio espectro databa de 1994, hace 25 años, cuando campeaba el bipartidismo. Aparte de ciertas necesarias adaptaciones tecnológicas, la modificación de más de 30 artículos hace dos cosas relevantes. Por una parte, crea un proceso más ágil para el trámite ordinario de los proyectos de ley que conoce la Asamblea y, por otra, regula la llamada “vía rápida” para resolver las lagunas del procedimiento anterior, que quedaron patentes en el trámite de la reforma fiscal el año pasado.

Esos cambios eran necesarios. En los últimos diez años, el Congreso tardó, en promedio, más de 21 meses en aprobar una ley. ¡Casi dos años! Y eso cuando tenía éxito. Cantidad de proyectos e informes legislativos sustantivos murieron en el intento, sin llegar a votación. No tengo ningún problema en que muchas iniciativas “palmen”, pues la Asamblea Legislativa no es una fábrica de hacer bizcochos, y muchos proyectos son, sin duda, ayotadas.

Ese no es el punto en discusión. El hecho es que el anterior reglamento facilitaba el sabotaje de iniciativas mediante el uso abusivo del derecho de enmienda de los diputados. Uno solo torcía el brazo a la mayoría mediante, por ejemplo, “carretillos” de mociones para bloquear un proceso. Incluso si el temido carretillo no aparecía, los procedimientos y los plazos para el trámite de iniciativas tenían más vueltas y eran más lentos que la subida por el Monte del Aguacate.

Esperemos que, en la práctica, los efectos de la reforma al reglamento sean los esperados. La vida dirá, pero la apuesta se ve sólida. Han hecho muy bien los principales partidos políticos en el Congreso en modernizar el gobierno de la Asamblea.

El autor es sociólogo.