Jorge Vargas Cullell. 3 junio

Eso de que el gobierno esté cambiando ministros como cambiar de camisa no es una buena señal. Menos en una situación apremiante como la actual y con las malas perspectivas para este y el próximo año. Sin embargo, inestabilidad en el gabinete y en otros puestos de la cúpula gubernamental es, precisamente, lo que hemos venido experimentando en los últimos meses.

La claridad en la hoja de ruta así como una mayor estabilidad en el gabinete son factores indispensables para el buen manejo de la compleja situación política.

¿Por qué no es una buena señal? Cada cambio de ministro es, de muchas maneras, un volver a empezar. Su salida implica, por lo general, otras partidas en el estado mayor de una institución: viceministros, asesores y directores.

Inevitablemente, se obliga a una institución a pasar por una transición mientras los nuevos se asientan. Como cada maestrillo tiene su librillo y las personalidades cuentan, los recién nombrados siempre empiezan revisando el portafolio de iniciativas en marcha, modificando algunas, relegando otras o trayendo nuevas a la mesa.

Finalmente, la cambiadera desarticula los canales de comunicación política tanto dentro del gobierno como con otros poderes del Estado y la sociedad civil. Una cosa es entenderse con Cascante ayer y otra con Varguitas hoy: ¿Cómo entrar a negociar seriamente cuando el representante del gobierno está siempre en alitas de cucaracha?

Tan importante es lo que el gobierno hace como las señales que comunica. La inestabilidad de la cúpula conspira contra la firmeza del rumbo gubernamental, por más que el presidente insista en que las líneas maestras de su administración no han cambiado. Difícil es infundir confianza cuando alrededor de él “el que se mueve no sale en la foto” y el gobierno se torna en un hervidero de chismes acerca de “quién sigue".

Lo dicho hasta el momento no prejuzga la calidad de los nuevos fichajes. Pueden ser muy buenos, y hasta mejores que los anteriores. Hablo de otra cosa: de realidades políticas, de la importancia de parar la sangría al más alto nivel para no minar la buena fe en el futuro del país en un momento tan difícil de nuestra historia.

Estamos entrando en una época de decisiones conflictivas, cuando esta sociedad debe ver cómo hace para salir del hueco económico y social que nos legará la pandemia. La claridad en la hoja de ruta así como una mayor estabilidad en el gabinete son factores indispensables para el buen manejo de la compleja situación política.

El autor es sociólogo.