Columnistas

Enfoque: Experimento político

El multipartidismo en el Ejecutivo no tiene su correlato en el Congreso: ahí las cosas serán tiro a tiro y deberán construir mayorías para cada tema.

El 8 de mayo iniciamos un experimento político en Costa Rica. Por primera vez, un nuevo gobierno forma un gabinete multipartidista como estrategia para echar adelante una agenda de política pública, tanto desde el Ejecutivo como desde el Legislativo. Por esta vía, adoptamos un elemento propio de las democracias parlamentarias (donde el Congreso elige al Ejecutivo) dentro de nuestro régimen presidencialista.

No llegamos a este ensayo de buena gana o por un plan de reforma política. Es una respuesta al escalamiento de riesgos surgidos de la ya prolongada disfuncionalidad de nuestra democracia. Esta disfuncionalidad es todo un síndrome: mayoría de ciudadanos sin partido, partidos reducidos a mínimas expresiones, un aparato público con graves problemas de gestión y sostenibilidad, un perenne entrabamiento legislativo en temas fundamentales y el escalamiento de la crispación cuando se tocan intereses corporativos de cualquier tipo.

En un mundo con las democracias a la defensiva frente a alternativas populistas y autoritarias de todo pelaje, gobiernos de un solo partido eran inviables aquí. Se habían convertido en entidades débiles, sin más oficio que el de ser meros administradores de la cosa pública, pero incapaces de enfrentar los desafíos estratégicos de nuestro desarrollo.

El Ejecutivo multipartidista es un experimento inevitable y necesario, agrego, dadas las circunstancias. Ello no significa que vaya a ser exitoso. Para empezar, el multipartidismo en el Ejecutivo no tiene su correlato en el Congreso: ahí las cosas serán tiro a tiro y deberán construir mayorías para cada tema. Eso deja a varios, especialmente al PUSC y al Frente Amplio, en la incómoda posición de ser oficialismo y oposición a la vez. Todo un dilema.

Es una situación muy delicada para todo el mundo, con implicaciones, incluso, sobre nuestra estabilidad económica y política. La elección de un Directorio legislativo multipartidista fue una buena señal, aunque admitamos que una golondrina no hace verano. Hay todo un aprendizaje por delante: ¿Cómo se gobierna en esta nueva situación? ¿cómo se hace oposición?

Lo bueno es que, por ahora, la ciudadanía está en calma y dispuesta a conceder una oportunidad al sistema político (gobierno, oposiciones y sectores sociales) para que demuestre que puede salir de la disfuncionalidad. Sería una tragedia desaprovecharla. El tiempo vuela.

vargascullell@icloud.com

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