Jorge Vargas Cullell. 22 agosto

En las últimas semanas, se ha hablado mucho sobre la falta de confianza en la economía y en la capacidad del gobierno para enderezar el rumbo, y cómo esto ha creado una mala expectativa sobre el futuro del país. Pero ¿qué es eso de las “expectativas”? ¿Por qué son importantes? ¿Cómo se forman?

Vamos por partes. Una expectativa es la prefiguración de lo que puede pasar a partir de un juicio sobre el presente. Si los futbolistas de Limón F. C. están en huelga y no se entrenan, yo anticiparía que perderán el partido del domingo.

El gobierno ha ido perdiendo la batalla de las expectativas porque se quedó sin relato, atrapado como está en apagar, uno a uno y de manera desprolija, los incendios.

Las expectativas son valiosas porque moldean el comportamiento. Si mucha gente cree que la economía empeorará, empezará a resguardarse, aunque aún no estemos en crisis. Un viejo refrán de la sociología dice: “Cuando las cosas se definen como reales, son reales en sus consecuencias”.

¿Cómo se forman las expectativas? A partir de los relatos de la gente sobre lo que pasa y puede pasar. Esos relatos, a su vez, dependen de la personalidad de los individuos. Dividamos a las personas en tres grupos: los filósofos, que forman sus expectativas a partir del análisis racional de la realidad; los espontáneos, que las forman a partir de su temperamento o disposición natural; y, finalmente, los prejuiciados, que se basan en sus opiniones previas.

¿Cambian fácilmente? Depende. Si todo el mundo fuera filósofo, ajustaría racionalmente sus expectativas cuando la realidad cambia. Si todos fueran espontáneos, estas dependerían del peso específico de cada uno de los temperamentos entre la población. Si hay muchos “nerviosos” y pocos “serenos”, viviremos una verdadera montaña rusa.

Si todos fueran prejuiciados, mantendrían su expectativa a pesar de la realidad, mientras sus prejuicios sigan ahí. Si ser gay es algo malo para alguien, su expectativa sobre una persona gay será mala sin importar lo que esta persona sea o haga.

No sé cómo está compuesto el ramillete en Costa Rica. Sospecho, y bateo aquí, que debe haber un par de filósofos por ahí; un grupillo más grande, pero pequeño, de espontáneos; y una mayoría de prejuiciados.

Perfecto, pero ¿adónde vamos con tanta disquisición? A que el gobierno ha ido perdiendo la batalla de las expectativas porque se quedó sin relato, atrapado como está en apagar, uno a uno y de manera desprolija, los incendios. Los filósofos están escépticos; los espontáneos, con el ruedo roto; y los prejuiciados confirman temores.

El autor es sociólogo.