Jorge Vargas Cullell. 9 octubre, 2019

La formación técnica profesional en Costa Rica viene de muy larga data. Fue haciéndose a brincos y saltos, como todo en nuestro país. Aunque hace mucho tenemos la intuición, que es de gran importancia, nos ha costado valorarla correctamente.

Durante mucho tiempo, persistió el prejuicio de que era para la gente a la que no le daba el "maní” o la plata para ir a la universidad, y para darle un barniz a quienes se quedaban rezagados. Fatal.

Estos años son cruciales para reorientar la educación técnica: salirnos de una vez por todas de la creencia de que es “educación de segunda” y ponerla como punta de lanza de nuestro desarrollo y bienestar.

Ya a finales del siglo XIX, en la sociedad agraria de entonces, los gremios de artesanos urbanos formaban a las nuevas generaciones en el oficio mediante un aprendizaje in situ. Sin embargo, la inmensa mayoría de los trabajadores estaban fuera de juego.

Hace cien años, las escuelas normales hacían funciones análogas: formaban maestros combinando aprendizaje en aulas con prácticas en las escuelas. Eran épocas cuando la expansión de la educación primaria a todo el territorio nacional absorbía a quien quería ser educador.

Las decisiones claves ocurrieron en la segunda mitad del siglo XX, cuando se estableció, progresivamente, la red de colegios técnicos en el Ministerio de Educación Pública y se creó el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) en 1965.

Hoy, el portal en línea Hipatia en ciencia, tecnología e innovación registra 28 instituciones con programas de educación técnica en 230 sedes. Graduaron, entre el 2014 y el 2018, unas 220.000 personas.

Problemas por resolver, hay varios. La mayoría de esos graduados son del nivel más bajo en la escala técnica, hecho especialmente cierto en el caso del INA. Otro es que la especialidad más numerosa son los operadores de aplicaciones de ofimática (casi una cuarta parte del total), gente que lo que sabe es usar Word, Excel o PowerPoint, o sea, capacitación digital mínima.

Finalmente, si uno ve lo que se gradúa institución por institución, hay notables desarticulaciones entre oferta y demanda. En el colegio técnico de Upala, por ejemplo, la especialidad con más graduados es… Secretariado. En la zona alrededor de la principal área turística de la región norte (volcán Arenal) la especialidad dominante es Contabilidad.

Estos años son cruciales para reorientar la educación técnica: salirnos de una vez por todas de la creencia de que es “educación de segunda” y ponerla como punta de lanza de nuestro desarrollo y bienestar.

El autor es sociólogo.