Jorge Vargas Cullell. 7 noviembre

Una ducha fría. O, mejor aún, muchas duchas frías, necesitamos en este país para ver si se nos bajan las calenturas. Tenemos entre manos una grave crisis fiscal, que es financiera, política e institucional, cuya gestión requerirá gran destreza política y una buena dosis de diálogo para evitar el mayor daño posible al desarrollo humano. Estamos en las primeras de cambio y el griterío aturde.

Sería nefasto que las respuestas a la crisis fiscal queden atrapadas por el fuego cruzado de fuerzas extremas

Si nos “matamos” a recriminaciones, sin actuar de manera solidaria, la realidad cruda se impondrá. En un país mucho más desigual que veinte años atrás, no sería raro que un ajuste fiscal termine favoreciendo a los más influyentes, pues tienen más capacidad que antes de endosar la factura a los demás. En una democracia en la que campea la intolerancia y la descalificación, fácil es que ese ajuste genere más polarización y menos unidad frente a los peligros.

Ambos resultados serían fatales. No estamos condenados a un futuro así, pero ocurrirá si los discursos de barricada se apoderan del espacio público y quitan al gobierno y al Congreso espacio para crear equilibrios. Sería nefasto que las respuestas a la crisis fiscal queden atrapadas por el fuego cruzado de fuerzas extremas, unas en defensa a ultranza del statu quo y otras impulsando el desmantelamiento neoliberal del estado de bienestar.

La mayoría de las personas quieren reformas a la organización del Estado (revocatorias de mandato, sanción para malos funcionarios, entre otros); al mismo tiempo, apoyan una intervención pública robusta en áreas claves de la vida social. A esto debe agregarse finanzas públicas solventes, basadas en un gasto prudente y una recaudación eficiente. Lo sabemos gracias a un ejercicio que más de 300.000 personas efectuaron a inicios de año.

No es fácil lograr este equilibrio, pero una dosis de sensatez puede ayudar. Por eso lo de las duchas frías: quizá mejoremos la calidad de nuestras respuestas frente a los problemas.

Si este país logra sortear el peligro fiscal, será gracias a una solución heterodoxa con elementos de recetas muy distintas. Algunas medidas del ajuste serán herederas de ideas del siglo XX (socialdemocracia, liberalismo y socialcristianismo). Otras resultarán de la aplicación de nuevas estrategias, como la revolución tecnológica de la gestión pública o el rediseño de servicios públicos por medio de la innovación.

Manejemos nuestras diferencias políticas con prudencia.