Jorge Vargas Cullell. 18 septiembre

Quizá sea tiempo de cambiar las preguntas que nos hacemos. Las que insistimos en formular nos están llevando a callejones sin salida, donde es más fácil sacarle caldo a un riel que propuestas prácticas para despertar al país del letargo en el que andamos hace rato. Digo letargo porque Costa Rica tiene ya un par de décadas de gatear lento en desarrollo humano. La precaria desaceleración y el desbalance fiscal agregan pesadillas al sonambulismo, pero no lo creó.

Nos hemos enfrascado en preguntas al estilo: ¿Cómo llegamos acá? ¿De quién es la culpa? ¿Por qué debo pagar yo los platos rotos? ¿Por qué somos tan ralitos a la hora de hacer cosas? Son interrogantes de tipo autopsia, todo muy bien… excepto que el país no ha muerto, por lo menos no hoy, jueves de madrugada.

El asunto por resolver es la creación de valor agregado y encadenamientos en regiones y sectores, como lo hizo el café hace un par de décadas, cuando se pasó de exportar granos a crear “marca” ambientalmente sostenible y productos derivados.

Quiero explicarme bien. Sin duda, estas preguntas apuntan a cuestiones analíticas relevantes, pues diseccionan la realidad para entenderla. Son un ejercicio necesario, si lo hacemos de manera seria y balanceada. No son la estación de llegada para el debate público, sino un punto de partida del que rápidamente debemos movernos, si es que queremos hacerlo. ¿Movernos a qué? A plantearnos otro tipo de preguntas, más difíciles, pero fructíferas, relacionadas con el qué hacer y el cómo hacer las cosas mejor. A eso se le llama pensar fuera de la caja, atreverse a imaginar y proponer rutas distintas que sacudan telarañas, con un límite ético, eso sí: que los cambios favorezcan las condiciones de la mayoría.

Un par de ejemplos. En educación: en vez de quedarnos discutiendo si invertimos poco o mucho en ella y por qué tenemos los resultados que tenemos, es necesario escoger prioridades e impulsar cambios. El Informe Estado de la Educación propone centrarnos en la política docente y la gestión educativa.

En fomento productivo: sabemos que tenemos un aparato productivo fracturado. El asunto por resolver es la creación de valor agregado y encadenamientos en regiones y sectores, como lo hizo el café hace un par de décadas, cuando se pasó de exportar granos a crear “marca” ambientalmente sostenible y productos derivados. Proponer, cuando las papas queman, como ahora, es oficio riesgoso. Es fácil que le den macilla a uno. No obstante, no veo otro camino.

El autor es sociólogo.