Jorge Vargas Cullell. Hace 6 días

¿Por qué la huelga contra el plan fiscal terminó en derrota para el sindicalismo?

Las condiciones parecían inmejorables para que ganaran por goleada. La huelga se planteó como una lucha contra nuevos impuestos, asunto en el que todo gobierno está a la defensiva. Los sindicatos del sector público crearon un frente unido y tenían ante ellos a un gobierno con un débil mandato popular y una bancada pequeñita en el Congreso, que hacía difícil aprobar un plan fiscal.

Cuando acataron que la pelea era en otra parte, el plan fiscal estaba en las etapas finales

¿Qué rayos pasó? Los dirigentes equivocaron el objetivo, la estrategia, los métodos de lucha y la lectura de la realidad. Nada más, nada menos.Escogieron el máximo objetivo posible y no se soltaron de ahí: que el gobierno retirara el plan fiscal antes de hablar. Todo o nada … y fue nada.

Se fueron de una sola vez, sin calentamiento, a una huelga general indefinida, una estrategia que se aplica solo en condiciones muy favorables. Unidad sindical es una cosa, unidad popular es otra.

Erraron en la escogencia del enemigo: se le fueron encima al Ejecutivo, cuando el tamal se cocía en el Congreso mediante un procedimiento especial. Era la Asamblea la que podía abortar el proceso. Cuando acataron que la pelea era en otra parte, el plan fiscal estaba en las etapas finales.

Al fallar en sus intentos por incorporar a más sectores sociales en la huelga, subieron la temperatura de la protesta: interrupciones de servicios, bloqueos y sabotajes. Esas acciones impopulares dilapidaron buena parte de la simpatía inicial con que contaban entre la ciudadanía.

Mala lectura de la realidad: nunca entendieron la profundidad de la crisis fiscal. No era cuento que el gobierno tenía el rancho ardiendo y, acorralado, no tenía otra que el plan. En vez de presionar por cambios allí, pidieron devolver todo al inicio, como si la situación no fuera urgente.

¿Por qué tantos errores? Creo que hubo una buena dosis de arrogancia: una experimentada dirigencia vio en el presidente a un imberbe doblegable. Además, confundieron realidad y deseos y terminaron creyendo su propia retórica. Ejemplo, que desfiló un millón de personas contra el plan.

La Sala IV puede echar todo abajo. Muy cierto, pero esto nada tiene que ver con la huelga. Ya decidirán los magistrados en sus calladas oficinas. Si tuviera que ver, estarían más que estimulados de votar en contra de los intereses sindicales vistos los resultados de la protesta. Mucho que pensar.