Jorge Guardia. 23 julio

He visto a muchos columnistas, periodistas, economistas y comentaristas insistir en que la economía ha perdido dinamismo y vamos para atrás, como el cangrejo. No es cierto. No leyeron el último informe del Banco Central sobre la evolución de la producción, publicado el 12 de julio del 2018 (no hicieron bien la tarea), ni el nuevo Programa Macroeconómico publicado ayer.

Siempre habrá agoreros que invariablemente ven el cielo resquebrarse a pedazos, pero yo soy más optimista

El índice mensual de actividad económica (IMAE), cuya tendencia ciclo predice con más propiedad la expansión esperada durante el año, presentó un crecimiento interanual del 4,4 % en mayo y, en promedio, un 3,7 %, superior al registrado un año atrás. Esa expansión es bastante halagüeña y contrasta con la visión de los pesimistas.

Todos los sectores crecieron en forma positiva, aunque unos más que otros: servicios un 3,7 %, manufactura 3,5 %, agricultura 2,4 % y comercio un 2 %. Influyó mucho la demanda externa de productos manufacturados, gracias al dinamismo de la economía mundial. Pero el detonante interno fue la construcción privada, que se disparó a una tasa interanual del 13 % (la pública, desafortunadamente, se estancó). Siempre lo he dicho: si queremos ver a una economía crecer, apostémosle a la inversión pública y privada.

¿Podremos sostener esa tasa de crecimiento el resto del 2018 y en el 2019? Aquí entran en juego, de nuevo, las apuestas. Siempre habrá agoreros que invariablemente ven el cielo resquebrarse a pedazos, pero yo soy más optimista. Hay muchos factores que nos mantienen a flote: la macroeconomía ha sido bien manejada por el Banco Central, hay estabilidad cambiaria y de precios, las reservas se mantienen estables ($7.000 millones sin FLAR), las exportaciones crecen al 6,7 %, el saldo de la balanza de pagos es manejable (financiado con inversión extranjera directa), y el sistema financiero se mantiene solvente.

Aún en materia fiscal me siento menos pesimista. Aunque el ajuste propuesto es insuficiente y hay mucha timidez en los recortes salariales, la actitud del Gobierno empieza a generar más confianza, clave para la inversión (para reforzarla, yo congelaría salarios y trasferencias por tres años, vendería bancos públicos para amortizar deuda, bajar intereses y financiar el crecimiento, empleo y déficit, sin subir impuestos). El programa “Macro” del BCCR publicado ayer confirma que la visión optimista se impone a la pesimista. El PIB crecerá 3,2 % este año y subirá a 3,4 % en el 2019, ligeramente superior al registrado en el 2017.

Jorge Guardia es economista y abogado.