Jorge Guardia. 19 agosto

¿Autorizará la Asamblea Legislativa la emisión de eurobonos en el 2020? Es muy dudoso. La mayoría le cobrará al gobierno el (mal) arreglo con los sindicatos y su poca voluntad de restringir el gasto. Aunque Hacienda insista en la aprobación de la restante emisión, la decisión será política.

¿Encontrarán el gobierno y la Asamblea el justo medio?

La impresión en el ambiente es que el gobierno cedió, abrió las puertas a nuevos conflictos laborales y mermó su propia credibilidad de cumplir la regla fiscal. Los empresarios se preguntan cuánto más durará Rocío en Hacienda. El propio Banco Central presupone en su programa macro que en el 2020 no habrá una nueva emisión. Hizo una buena lectura. En economía, todo tiene un costo de oportunidad. Complacer al sindicalismo le pasará la factura. Hacienda se enfrentará a un dilema: reducir el gasto corriente (poco probable que sea aceptado en Zapote) o financiarse con otras fuentes internas o externas para afrontar vencimientos y satisfacer gastos corrientes. Cualquiera de ellas tendrá consecuencias económicas y estará sujeta a duras críticas.

Los receptores de divisas (exportadores, turismo) reclamarán que más endeudamiento externo implicaría incrementar la oferta de dólares y contribuiría a apreciar el colón, en detrimento de su rentabilidad. De más está decir que, sin nuevos eurobonos, el tipo de cambio probablemente se equilibraría a un nivel más alto. Los grupos que, por el contrario, adeudan en dólares, apoyarían los eurobonos para garantizar la estabilidad cambiaria. Obviamente, son posiciones antagónicas. Otros se inquietan por el incremento en la deuda pública, sobre todo en dólares, por el riesgo implícito y su impacto en la estabilidad. La deuda del Gobierno Central ya ronda el 60 % del PIB y se incrementaría si se erosiona la regla fiscal.

¿Encontrarán el gobierno y la Asamblea el justo medio? Hemos abogado por una reforma estructural del Estado (incluida la venta de bancos y cierre de instituciones) para lograr el equilibrio macro (cuanta menos inflación, menos apreciación) y dedicar esos recursos exclusivamente a amortizar deuda pública para liberar de cargas el presupuesto nacional. También podría limitarse el uso de deuda externa exclusivamente al pago de obligaciones con vencimientos cercanos y prohibir destinarla a gastos corrientes. Sería, por lo menos, neutral sobre el tipo de cambio y mejoraría el perfil de la deuda pública.

El autor es abogado y economista.