Jorge Guardia. 3 junio

Una maravillosa armonía cautivó al mundo en 1955. Una desarmonía lo estremeció en el 2019. Ambas de locos desencadenados: la primera es de un hombre en prisión, locamente enamorado de su esposa, que enfrenta el dilema de portarse bien para reducir la pena o fugarse de una vez para reunirse con su amada (Unchained Melody, bellamente interpretada por los Righteous Brothers); la segunda, más prosaica, es de otro loco desencadenado, presa de la febril obsesión de resolverlo todo a fuerza de tarifas. Me encantaría deambular en la primera (el amor, bien que mal, es siempre una locura), pero la segunda, por temeraria, es más urgente.

No es que esté intrínsecamente mal que un país se reserve el derecho de decidir a quién acoger en sus fronteras, sino que el instrumento usado no es el apropiado.

Al Wall Street Journal, como a mí, le costó aceptar que Trump, en su soledad, enloqueció de frustración por no tener el apoyo demócrata para resolver un tema de campaña: la inmigración ilegal. En su editorial Tariff Man Unchained asevera que la legislación migratoria, en buena parte auspiciada por demócratas, es tan permisiva que solo autoriza detener por 28 días a familias de inmigrantes con hijos, plazo tras el cual, ya liberados, se pierden en el inmenso territorio sin conocer el idioma ni poseer destrezas laborales. Entonces, Trump amenazó a México con imponer nuevos aranceles (5 % inicial) a todas las importaciones de ese país, a menos que López Obrador obre de conformidad y logre detener el flujo migratorio.

No es que esté intrínsecamente mal que un país se reserve el derecho de decidir a quién acoger en sus fronteras, sino que el instrumento usado no es el apropiado. Acudir a él por razones no comerciales, cuando ni siquiera habría competencia desleal, sería otra locura más en la seguidilla del acero a Canadá y México, tarifas a la UE, Japón y China.

Es difícil saber si cumplirá su amenaza o si López Obrador rechazará colaborar (el miércoles se reúne con Pompeo). Persistir sería fatal para el futuro del reciente acuerdo entre EE. UU., México y Canadá, aún sin ratificar, y afectaría la credibilidad de toda negociación futura, incluida la pendiente con China. La palabra empeñada significaría chiffon de papier, en la jerga francesa.

Prolongar la guerra comercial afectará aún más la incertidumbre —crucial en toda reactivación— y nos arrastraría a todos. ¿Comprenden por qué sería más agradable hablar de otras locuras? Para no concluir esta lectura con un amargo sabor de boca, los invito a escuchar Unchained Melody, de los Righteous Brothers: https://www.youtube.com/watch?v=IYj2hex99gY.

El autor es abogado y economista.