Jorge Guardia. 30 septiembre, 2019

La última encuesta de Borge y Asociados, más lo que destilan los medios, las redes sociales y otros sondeos, revela que, una vez más, hay una rebelión del electorado. La fidelidad partidaria se exilió, los votantes se lanzaron por la libre y los partidos sufren una crisis de identidad. ¿Se repetirá en el 2022 la sorpresa de la elección pasada?

Es un mercado de compradores, no vendedores. El elector ya no paga por banderas, sino por respuestas a los males que lo agobian, vengan de donde vengan. Será ocioso dedicar tiempo y recursos a revivir glorias pasadas y repetir las cansinas letanías de hace 60 años que a los nuevos votantes ni los mueve ni les importan.

Los datos son reveladores: Liberación se mantiene como el partido menos chico, pero apenas concita el 10,6 % de los electores; le siguen el PAC, con un 6,9 %; Restauración Nacional (preferiría hablar de grupos cristianos) aglutina un 5 %; el PUSC, un 4 %; y los demás no cuentan estadísticamente. Lo asombroso es que los no matriculados en ningún partido constituyen una abrumadora mayoría, casi tres veces más que todos los demás juntos (71,4 %).

Es un mercado de compradores, no vendedores. El elector ya no paga por banderas, sino por respuestas a los males que lo agobian (situación económica, 29,4 %; desempleo, 17,2 %), vengan de donde vengan. El desafío es jinetear ese electorado desconfiado y rebelde, más chúcaro que el rebaño de antaño, y aceptar que el partido es lo de menos; lo de más, es la figura del candidato. Será ocioso dedicar tiempo y recursos a revivir glorias pasadas —las hazañas de don Pepe o las bondades de Calderón Guardia (mi querido pariente)— y repetir las cansinas letanías de hace 60 años que a los nuevos votantes ni los mueve ni les importan.

Como diría Malraux, la clave es descubrir al hombre nuevo, capaz de tocar con su pluma, retórica y acciones al elector descarriado, alguien aviado de simples, pero claros mensajes de esperanza y, sobre todo, capaz de apoyar sin mezquindad propuestas de otros líderes, partidos o del gobierno, por el bien del país. A diferencia de la disfuncional democracia estadounidense, donde la única labor de la oposición es destruir, la misión del nuevo líder costarricense es construir. Ahí se forjará el hombre nuevo.

En política, el instinto llama a prender la lumbre antes de romper el alba. Nunca es demasiado temprano para chorrear café. Ya circulan listas tempraneras de aspirantes. Yo tengo la mía, que puede diferir de la de ustedes: Carlos Ricardo Benavides, en el PLN; Pedro Muñoz, en el PUSC; Fabricio Alvarado, entre los cristianos; Ottón Solís redivivo, en el PAC (el único que podría darle nuevo oxígeno), sin descontar a un hombre fuerte surgido de la nada para aglutinar el descontento popular. Veremos quién da la sorpresa.

El autor es economista.