Jorge Guardia. 13 mayo

La guerra comercial entre Estados Unidos y China se libra con tanta intensidad en la prensa como en las aduanas fronterizas. ¿Cuál va ganando? ¿Cuál pierde más?

De inicio, descarto el planteamiento convencional de que la disputa se resolverá apelando al credo del libre comercio (lo mejor para todos). La realidad es más difícil. El gran mercado chino, tan apetitoso, resulta bastante cerrado. Las empresas y el gobierno roban tecnología a Occidente (en especial a EE. UU.), el Estado mete visiblemente la mano en las grandes empresas exportadoras, subsidia a las locales, regula en exceso a las extranjeras y manipula el valor del yuan para obtener ventajas competitivas. No son tan angelicales.

El mercado estadounidense, en cambio, es más abierto y accesible (aunque también subsidia a los agricultores). Pensar que se crucen de brazos para mantener el statu quo es ingenuo y simplista. No va a pasar. Pero suponer que China se avendrá mansamente a la petición de abrir más sus mercados, proteger con leyes (no reglamentos) la propiedad intelectual, desmantelar subsidios y abandonar su régimen de economía centralizada, también sería iluso.

¿Quién pierde más? Los dos tienen mucho que perder, pero, ante un compás de espera prolongado, China llevaría la peor parte por ser netamente exportadora. Una tarifa del 25 % sobre $550.000 millones de mercancías endentaría su PIB en 0,5 %, según los sondeos, mientras que en EE. UU. el comercio externo representa una cifra menor. La producción China se desaceleró en el 2018 (aunque repuntó en el 2019), entretanto, EE. UU. se acerca al pleno empleo y el impacto de los aranceles en la inflación estaría en línea con lo que desea la Fed.

Wall St habla un lenguaje franco y directo. Al anunciarse los nuevos aranceles, los mercados se desplomaron, pero el viernes pasado, al saberse que continuarían negociando, recuperaron parte de lo perdido. Ayer, cayeron de nuevo debido a la represalia china. Trump es muy sensible a la volatilidad bursátil. Le teme. Tratará de llegar a un acuerdo antes de la elección para poder decir que cumplió su promesa. Su asesor económico, Larry Kudlow, sostiene que puede esperar hasta conseguir “un buen acuerdo para abrir el mercado chino y dar seguridad al inversionista”. Xi Jinping también dejó la puerta abierta. Sabe que para demostrar logros arancelarios debe hacer concesiones. Por eso, creo que finalmente habrá un acuerdo, aunque, de camino, se muestren mutuamente los dientes.

El autor es abogado y economista.