Jorge Guardia. 11 junio

“Más sabe el diablo por viejo que por diablo”, dice el refrán. Aunque no me gusta admitir el primer tranco (malévolo calendario), los años y malicia innata me han enseñado a intuir ciertos resultados económicos y políticos futuros. No tengo tan mal ojo. ¿Será que me ayuda el diablo?

En mi columna Dicotomía de la economía de Trump (marzo del 2017) planteé las dos visiones antagónicas que emergían sobre su política económica: “La de la prensa y la del mercado”. La visión optimista del mercado contrastaba con el pesimismo mediático. Dije: “Una de las dos tendrá que retractarse. Veremos en 12 meses quién gana la partida”.

Mucho se debe a la reducción de impuestos y desregulación, pero el factor clave es haber generado confianza en el sector empresarial

Antes de la elección, el financista demócrata, Steve Rattner, declaró en MSNBC: “If Trump wins you will see a market crash of historic proportions” y, un día después, Paul Krugman, economista de izquierda, predijo: “We are very probably looking at a global recession, with no end in sight”. ¡Fallaron! Los traicionó su ideología y profundo desdén. La prensa también vaticinó que la economía trastabillaría, caerían las bolsas, el desempleo al alza y salarios a la baja por la desaceleración del crecimiento, pero nunca se retractó —ni lo hará—, pues se lo impide su ADN, ligada al Partido Demócrata. Para su condena, lo acontecido en estos 17 meses ha sido lo contrario.

La economía repuntó, el crecimiento real ronda el 3 % anual (la Reserva Federal de Atlanta estima el alza de abril en un 4 %), la bolsa remontó espectacularmente (el Dow Jones pasó de 18.000 pts. a 25.000 pts.); el desempleo cayó a su nivel más bajo en 20 años (un 3,9 % de la fuerza laboral), incluidos latinos y afroamericanos; la demanda de trabajadores por primera vez supera la oferta; y los salarios comienzan a subir (según el Washington Post, a los nuevos trabajadores de “cuello azul” les pagan $25.000 de enganche). Mucho se debe a la reducción de impuestos y desregulación, pero el factor clave es haber generado confianza en el sector empresarial.

El punto debatible es el proteccionismo. EE. UU. se queja de que cobra aranceles muy bajos a sus socios comerciales (los autos europeos, por ejemplo, pagan solo un 2,5 %, mientras que en Europa les clavan un 10 %) y quiere replantear el comercio mundial. ¿Desembocará en una verdadera guerra comercial o se acomodarán las partes a un comercio más justo y equilibrado? ¿Estarán México, Canadá y la UE dispuestos a renunciar al mercado más grande del mundo? Ese es el reto. Veremos en 12 meses quién gana la partida.

jorge.guardiaquiros@yahoo.com