Jorge Guardia. 16 septiembre

En abril, abogué por un cambio en el Directorio legislativo para que la oposición asumiera la presidencia legislativa. Como simple ciudadano, les pedí liderar las reformas de fondo, incluidas la consolidación fiscal y las leyes paralelas, la reactivación y la productividad. Hoy, noto con satisfacción que la mayoría de los diputados dieron un paso al frente.

Sabemos que, con tanta fluidez electoral, cualquier cosa puede pasar, pero pareciera que los liderazgos del PUSC y del PLN podrían capitalizar a su favor si continúan dando soluciones para restablecer la elusiva confianza y generar esperanza.

En efecto, el liderazgo migró de Zapote a Cuesta de Moras. Lo más valioso es que surgieron nuevas figuras. Carlos Ricardo Benavides, dentro de Liberación Nacional, desempeña un papel prominente, al igual que el diputado Pedro Muñoz, de la Unidad Social Cristiana. Entre los dos, lograron mover la agenda legislativa y persuadir a otros colegas de acompañarlos en esa difícil, pero crucial aventura. Su principal éxito, hasta ahora, fue iniciar un cambio de fondo para mejorar las expectativas que ensombrecen la economía. Noten que uso un lenguaje prudente porque la tarea aún no termina.

Mientras el Ejecutivo se mostraba apocado y dubitativo sobre algunas acciones de fondo —negoció complacientemente con los sindicatos de la CCSS en febrero y julio, cedió a las exigencias de las universidades, reflejó debilidad ante la Corte y ha sido reticente a liderar una buena reforma del Estado—, los diputados, en cambio, llevaron la ilegalidad de la CCSS a la Contraloría, denunciaron a ciertos magistrados por preservar privilegios, fijaron plazos y prohibiciones a los movimientos de protesta (servicios esenciales) y suspendieron el salario desde el primer brote de la holganza. Creo que la mayoría de la población lo recibió con beneplácito.

Eso nos lleva a un interesante fenómeno político-electoral. Si bien en las últimas encuestas sobre la filiación política la gran mayoría de los electores no se decantó por ningún partido, apenas un 17 % se inclina por el PLN y poco más de un 3,5 % por el PUSC, todas las opciones están abiertas para sorprender. Sabemos que, con tanta fluidez electoral, cualquier cosa puede pasar, pero pareciera que los liderazgos del PUSC y del PLN podrían capitalizar a su favor si continúan dando soluciones para restablecer la elusiva confianza y generar esperanza. Esa, creo, será la idea fuerza en la nueva elección, por encima de los temas cajoneros. Iluminar luces de esperanzas al final del túnel movería a un electorado desorientado e incrédulo. ¿Se jugará entre ellos la segunda ronda?

El autor es abogado y economista.