Jorge Guardia. 10 junio

El mundo está atrapado en una turbulencia económica y política: conflictos comerciales candentes, frías guerras tecnológicas en proceso de calentamiento global, divisiones ideológicas irreconciliables, desesperadas caravanas de migrantes, desconfianza entre inversionistas y consumidores, ralentización del crecimiento mundial y, en países periféricos, alto desempleo y pobreza.

En ese panorama desolador, nos alegró mucho que México y Estados Unidos llegaran a un acuerdo, aunque temporal, para evitar otra guerra comercial. Imponer aranceles del 5 % sobre las exportaciones aztecas, con el riesgo de una escalada hasta el 25 %, habría sido muy malo para los productores y consumidores estadounidenses y devastador para la economía mexicana. Un poco de cordura comercial y migratoria no está mal entre tanta turbulencia mundial.

Nos alegró mucho que México y Estados Unidos llegaran a un acuerdo, aunque temporal, para evitar otra guerra comercial.
La carta china se jugará en la reunión del G-20. Ojalá brote una nueva tregua.

A López Obrador le tocó poner abajo, pero no salió tan malparado. Logró evitar el impacto tarifario que habría generado devaluación e inflación y, probablemente, recesión, y que los estadounidenses vieran más allá de la mera ilegalidad fronteriza para enfocarse en las causas de la migración. Como dijo en conferencia de prensa, “quienes abandonan a sus pueblos y sus familias no lo hacen por maldad, sino por necesidad”. La falta de trabajo, magros salarios, violencia y persecución deben ser tomados en cuenta por las naciones más poderosas.

Para Trump, el acuerdo es de doble filo. Por un lado, amenazar con tarifas para fines ajenos al comercio es un expediente que no se borrará tan fácilmente (seguirá gravitando sobre su palabra empeñada) y envía un controversial mensaje de usar el poderío del mercado con la vieja metáfora del palo y la zanahoria, pero, por otro, tranquilizó a varios sectores que veían mal gravar al vecino del sur (las encuestas reflejan más opiniones negativas sobre tarifas a México) y logró un compromiso para aminorar la migración.

La carta china se jugará en la reunión del G-20. Pompeo confirmó que los dos mandatarios se reunirán a fin de mes para suavizar tensiones. Pero China no es México ni Xi Jinping es López Obrador. Trump tendrá que hacer concesiones comerciales y tecnológicas si desea mitigar los efectos en las bolsas (su bastión) y en las economías, incluida la de su país. Ojalá brote una nueva tregua, aunque jalada del pelo. Otra buena noticia no le vendría mal a la alicaída economía mundial.

El autor es abogado y economista.