Columnistas

Elecciones en Perú y México

El país andino escogerá entre dos candidatos en las antípodas ideológicas y el proceso en el del norte es un referendo para AMLO

Este domingo, 6 de junio, dos de las seis economías principales de América Latina —México y Perú— celebran elecciones de crucial trascendencia para la región. Mientras la pandemia golpea a los países latinoamericanos con mayor rigor, los estragos socioeconómicos de la covid-19 son una prueba de fuego para la estabilidad de las frágiles democracias latinoamericanas.

Los peruanos acudirán a las urnas para la segunda vuelta presidencial y deberán escoger entre dos candidatos en las antípodas ideológicas: Pedro Castillo —izquierda radical— y Keiko Fujimori —derecha extrema—. En las últimas décadas, el modelo neoliberal peruano, si bien producía un crecimiento económico sostenido, convivía con déficits sociales considerables, un Estado ineficiente, servicios públicos de mala calidad, corrupción, inestabilidad política y creciente malestar social.

En el pasado quinquenio, el país andino tuvo cuatro presidentes y dos Congresos. El contexto en que estas elecciones se llevan a cabo alertan sobre la posibilidad de una profundización de la crisis política, al mismo tiempo que el modelo económico es fuertemente cuestionado por amplios sectores de la población, especialmente en relación con la eficacia para redistribuir equitativamente la riqueza.

La primera vuelta, el 11 de abril, causó una gran fragmentación del voto y una generalizada apatía ciudadana hacia las opciones que se le presentaron. La participación electoral fue del 70 %, un 11 % menos que en el 2016, y los votos nulos y en blanco acumularon un elevado 32,7 % en las elecciones legislativas.

De los 18 candidatos presidenciales y las 20 listas partidarias al legislativo, ninguno superó el 20 %, y los dos aspirantes que pasaron a la segunda vuelta —Castillo y Fujimori— alcanzaron entre ambos solo el 32,3 % de los sufragios.

Además, en un Congreso con 10 bancadas, ninguno dispondrá de una mayoría legislativa propia. El partido de Castillo (Perú Libre) se convirtió en la opción más votada, con un 14,12 % (37 curules), mientras que Fuerza Popular, de Keiko, obtuvo un 11,16 % (24 curules). Quien resulte elegido, además de desafíos sociales, económicos y políticos mayúsculos, deberá construir una coalición de gobierno que le garantice estabilidad y gobernabilidad.

El promedio de las encuestas de los últimos días muestran un empate técnico, con significativas variaciones regionales y por segmentos socioeconómicos en los apoyos que reciben ambos candidatos. El resultado final está en manos de los indecisos.

¿Más o menos poder para AMLO? México llevará a cabo este domingo la jornada más grande y compleja de su historia democrática. Un total de 21.300 cargos electivos a escala federal y local estarán en juego simultáneamente, entre los cuales cabe destacar la renovación completa de la Cámara de Diputados (500) y 15 gobernaturas.

Estas elecciones intermedias son críticas por dos razones: por un lado, representan una suerte de referendo de los primeros tres años de la presidencia de López Obrador (AMLO) y, por otro, definen el grado de apoyo político que AMLO tendrá en el Congreso durante la segunda y última parte de su gobierno.

Diez meses de una dura y violenta campaña electoral derivaron en un contexto de creciente polarización entre la coalición oficialista y la opositora. Por su parte, los recurrentes ataques de AMLO contra el Instituto Nacional Electoral han cubierto con un manto de duda la transparencia de las elecciones. Adicionalmente, la violencia política se acrecentó.

Según la consultora Etellekt, el saldo es trágico: 737 víctimas, entre ellas, 89 políticos asesinados, 35 de los cuales eran aspirantes a puestos municipales, convirtiendo este proceso electoral en el segundo más violento desde el 2000, detrás de las elecciones presidenciales del 2018.

La combinación de estos factores llevó a que revistas como The Economist e intelectuales, empresarios y políticos mexicanos hayan señalado que en esta elección hay muchísimo en juego: no solo cuánto poder político tendrá AMLO de cara al próximo trienio, sino también la propia supervivencia de la democracia.

El promedio de las mediciones (realizado por Oraculus) indica que en esta elección, en la que participan 10 fuerzas políticas, el partido oficialista, Morena, lidera las encuesta frente a los partidos tradicionales —PRI y PAN— con un 41 % contra un 18 % y un 17 %, respectivamente, que junto con el PRD compiten bajo el paraguas de la coalición Va por México.

El escenario más probable es que Morena, sumado a sus aliados PT y PVEM (agrupados en la coalición Juntos Hacemos Historia) supere la mayoría absoluta de 251 diputados, pero difícilmente (si bien, no imposible) logre retener la mayoría calificada de 334 diputados.

La posibilidad de que López Obrador se lleve «el carro completo» pareciera haberse ido desvaneciendo en los últimos días y, con ello, la garantía de que AMLO tenga suficiente capital político para terminar de consolidar su Cuarta Transformación.

Abultada agenda electoral. Las elecciones en Perú y México cierran un agitado primer semestre electoral. Durante estos seis meses, hubo elecciones primarias para elegir a los candidatos presidenciales en Honduras; elecciones regionales en Bolivia, donde el MAS obtuvo resultados mixtos; elecciones legislativas en El Salvador, con la consolidación del proyecto populista del presidente Bukele; comicios generales en Ecuador, con la victoria del candidato de derecha Guillermo Lasso; y las cuatro elecciones simultáneas en Chile, donde la composición plural y predominantemente independiente de la futura constituyente fue lo más destacado.

En el segundo semestre del 2021, otros tres procesos electorales presidenciales y legislativos tendrán lugar en Chile, Honduras y Nicaragua (los tres en noviembre), más las elecciones intermedias en Argentina, las municipales en Paraguay y las regionales en Venezuela.

De este rali electoral surgen tres tendencias principales: aún más polarización política y contaminación informativa (en las redes sociales); un marcado voto castigo para los oficialismos, con excepción del contundente triunfo del Partido Nuevas Ideas, de Bukele; y el uso creciente del balotaje para definir las contiendas presidenciales, combinado con una fragmentación partidaria extrema que, junto con la polarización ideológica, torna difícil alcanzar acuerdos y complica la gobernabilidad.

@zovatto55

El autor es director regional para América Latina de IDEA Internacional.