Columnistas

El tren no es un capricho

Si queremos un mejor vivir, mejorar la movilidad y reducir el enorme 40 % de gases que emite el transporte público, la solución es el tren

El tren urbano no es un capricho ni una majadería sino una necesidad del país para resolver varios problemas al mismo tiempo: la contaminación, las largas horas de viaje para ir a trabajar y la reactivación económica.

Es un proyecto por el bien de todos. En pro de ese bienestar, los políticos deberían dejar a un lado la cortedad de miras y prever que si hoy tenemos colapsadas las carreteras mañana será peor.

Que hay como dicen “oportunidades de mejora”, quizá. Pero la trillada frase solo ha servido para estancarnos y seguir soportando la ineficiencia del transporte público.

Durante este gobierno, la Asamblea Legislativa hizo su mejor esfuerzo para negarles a los costarricenses el tren. Los diputados lo han logrado hasta ahora. Por eso, es imperdonable que los candidatos, con posibilidades de llegar al gobierno o no, se refieran al plan con tanta ignorancia, empezando por decir que el dinero de los préstamos se puede utilizar para otro fin.

Si queremos un mejor vivir, mejorar la movilidad y reducir el enorme 40 % de gases que emite el transporte público, la solución es el tren.

Una nueva estrategia de movilidad masiva nos obliga, primero, a ordenar las rutas de buses y fomentar con financiamiento blando el cambio de la flotilla de buses, microbuses y taxis de diésel y gasolina a eléctricos.

El tren dará ocasión para nuevos emprendimientos en las rutas y, de seguir insistiendo en el saneamiento de las finanzas, habrá dinero para el inevitable subsidio.

Debido a la corrupción revelada por los escándalos recientes, es de esperar un mayor control en las etapas previas para asegurar el uso transparente de los recursos que se destinarán a la construcción. Los escándalos deben servirnos para aprender y enmendar, no para paralizar.

Cuando menos el 20 % de los costarricenses, es decir, un millón de personas, necesitan el tren. Gastar 1,5 horas al día para trasladarse al trabajo —tiempo que aumentará cuando se acaben las restricciones sanitarias— no favorece la productividad ni la salud.

El 54 % de las emisiones de CO2 son producto del transporte: el 80 % lo originan los automóviles personales, con el agravante de que todos los años se incrementa el número de vehículos en las ciudades.

Costa Rica es el tercer país con mayor densidad de autos en Latinoamérica, con una infraestructura de tercer mundo, donde ni siquiera ha sido posible terminar una circunvalación, obra planificada hace 40 años.

Las interminables presas representan el 3,8 % del PIB. La pésima calidad de la infraestructura, la antigüedad de la flotilla, la mala planificación urbana y la cultura de usar el vehículo hasta para ir a la pulpería saturan las vías.

No hay excusa. Hemos invertido $16 millones en diferentes estudios hechos por firmas internacionales, expertas en diseño y ejecución de proyectos de infraestructura ferroviaria de movilidad, que nos dicen que el tren urbano es una excelente alternativa a corto y mediano plazo, además de haber sido avalados por el Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos (CFIA), el Fondo Verde del Clima de las Naciones Unidas, el BID y el Centro de Competitividad y Desarrollo Sostenible del Incae.

Especialistas coinciden en el valor social de construir un tren urbano para solventar el problema de movilidad dentro de la Gran Área Metropolitana (GAM).

Con esos estudios base, fue posible conseguir el crédito del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) y del Fondo Verde del Clima de las Naciones Unidas a plazos e intereses muy ventajosos.

Hoy contamos con estudios de ingeniería de valor y factibilidad, que permitirán a los interesados en la concesión establecer una alianza público-privada que cumpla con los estándares de calidad y competitividad que exige un sistema de esta envergadura.

La longitud total del anteproyecto es de 84 kilómetros, comunicará Alajuela, Heredia y Cartago con San José. Son 15 cantones conectados y 5 líneas articuladas con doble vía.

El tren generará 1.200 empleos directos. Fue diseñado para una demanda de 22.000 pasajeros en la hora pico, 600 pasajeros por tren, y 200.000 diarios durante toda la semana. Igual se podría pensar en acortar distancias y concentrarse solo en lugares densamente poblados.

Hay que aprovechar nuestra capacidad instalada de fuentes de energía renovable. China está fabricando vehículos, buses y trenes eléctricos para combatir el cambio climático a precios muy competitivos. Se están haciendo grandes avances en el desarrollo de trenes eléctricos ligeros, con nuevos materiales muy livianos, controles digitales y baterías de iones de litio, que no requerirán grandes tendidos eléctricos aéreos de alto costo.

Un tren ligero en la GAM, bien diseñado, hecho por etapas, será un transporte cómodo, seguro, eficiente, confiable y a precios competitivos. Ahorraríamos 1,8 millones de toneladas de CO2 y miles de horas para los pasajeros.

Todos los trenes del mundo precisan inicialmente un subsidio para alcanzar su punto de equilibrio y ofrecer tarifas asequibles a los más vulnerables. El subsidio disminuirá conforme aumente la demanda.

Los beneficios ambientales, sociales y económicos son muchos como para seguir desgastándonos en discusiones inútiles cuyo fin es quedar bien con los grupos que tradicionalmente han lucrado a costa del progreso.

jorge.woodbridge@icloud.com

El autor es ingeniero.

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