Columnistas

‘El señor de los anillos’ más allá del cine

Los países necesitan una estrategia orientada hacia el bien común e inspirada en una visión a largo plazo

Es muy posible que si se llevara a cabo una investigación a fondo en los países con buenos índices de desarrollo, creación de valor social y generación de riqueza se encuentre un factor común: una estrategia bien inspirada y definida.

Comprenderíamos por qué naciones con recursos naturales, buen capital humano y materias primas no ostentan altos niveles de desarrollo y bienestar.

Esto se debe a la ausencia de una estrategia orientada hacia el bien común e inspirada en una visión a largo plazo.

No existen recetas mágicas. Cada uno debe crear su estrategia propia. En mis estudios sobre el tema, he identificado rasgos comunes en las estrategias exitosas, que se resumen en tener claridad con respecto hacia dónde se va, con qué, con quiénes se cuenta, qué alianzas deben procurarse e imprimir compromiso y pasión.

La base de una estrategia exitosa, teniendo como norte el bien común, y no la idea maquiavélica de que el fin justifica los medios, radica en construir una visión del futuro a corto, mediano y largo plazo; priorizar dónde actuar e invertir y que nos aleje de lo que resulta inconveniente para alcanzar el objetivo.

El binomio visión del futuro y estrategia ha estado presente en la planificación de toda actividad humana, aunque no necesariamente se haya actuado de la mejor forma.

Lo que se ha aprendido es que sin visión el éxito de una estrategia, por lo general, es efímero; y sin estrategia se está expuesto al azar o al favor de otros.

Es muy común que cada cuatro años se presente un plan nacional de desarrollo o documento similar, en donde se incorporan números arbitrarios de prioridades. Las veinte, quince o diez prioridades del nuevo gobierno es un indicio de que se carece de una visión clara del futuro a largo plazo. Esto lleva a la confusión entre lo que es importante (muchas cosas) y lo que es prioritario.

La mayoría de las estrategias exitosas no fueron escritas, se inspiraron en el largo alcance, bien común y en una o, a lo sumo, dos prioridades y muchas otras cosas fundamentales, pero articuladas a partir de lo prioritario.

Gandhi estableció una estrategia basada en una prioridad, igual que Mandela, Martin Luther King o la madre Teresa. También podrían mencionarse pequeños emprendimientos de la economía social, cooperativas y otras organizaciones que, aunque sus visiones y estrategias pasarían a la historia de manera invisible, han sido eficaces para generar un bienestar a sus poblaciones meta.

Las experiencias exitosas más recientes repiten el patrón de haber contado con una visión del futuro clara y consensuada, han establecido una o máximo tres prioridades y han puesto el mayor esfuerzo en promover esa visión.

Esta manera de planificar el desarrollo requiere una cultura que supere tres obstáculos: el cortoplacismo, el egoísmo y los caminos fáciles.

Apartarse del cortoplacismo significa el compromiso intergeneracional para legar un futuro mejor. Superar el egoísmo es dejar de pensar solo en el bienestar personal. Superar los caminos fáciles conlleva crear riqueza y no hacerse rico con dinero fácil.

Nueva Zelanda es un ejemplo de lo anterior. A finales del siglo XX, su población adulta joven con buena formación profesional migraba hacia Australia en busca de empleo. La fuga de cerebros tuvo graves consecuencias.

En la década de los 90, los líderes acordaron una visión del futuro. En vez de ser un país que expulsaba a su población, iban a recibir migrantes. Para ello, buscaron el factor clave (la prioridad) que debían desarrollar, y rápidamente encontraron que debían crear miles y buenas fuentes de empleo.

En el diseño de la estrategia para fijar la prioridad, los neozelandeses hallaron su punto clave en un uso inteligente y sostenible de sus parajes incomparables para atraer turismo, pero necesitaban algo que acelerara el reconocimiento del país.

Ese algo lo encontraron en el turismo cinematográfico. De esta forma, abrieron sus puertas a una de las sagas más exitosas del cine reciente: El señor de los anillos.

Los resultados empezaron a verse una década después, no de inmediato. Según datos del gobierno neozelandés, de 1,7 millones de turistas en el año 2000, cuando se estrenó la saga, pasaron a 2,4 millones en el 2004: un aumento del 40%.

Un repunte que se repitió tras el lanzamiento de El hobbit, en el 2012, pues la llegada de visitantes se incrementó hasta 2,8 millones al año.

Podrían plantearse otros ejemplos, tanto de América Latina como de Costa Rica, y siempre se encontrará un patrón: una visión del futuro con miras al bien común y una estrategia basada en una o dos prioridades. No significa que no se hagan otras cosas, pero hay que actuar en orden de importancia.

jc.mora.montero@gmail.com

El autor es docente en la UNA y la UCR.

LE RECOMENDAMOS

En beneficio de la transparencia y para evitar distorsiones del debate público por medios informáticos o aprovechando el anonimato, la sección de comentarios está reservada para nuestros suscriptores para comentar sobre el contenido de los artículos, no sobre los autores. El nombre completo y número de cédula del suscriptor aparecerá automáticamente con el comentario.