Por: Luis Mesalles.   28 abril, 2017

A raíz de la información salida a la luz pública sobre los grandes beneficios otorgados por la convención colectiva de Recope a sus empleados, las voces pidiendo el fin del monopolio en la importación de combustibles fósiles han tomado fuerza.

Otto Guevara lleva mucho tiempo levantando su voz sobre este tema. Lleva más de quince años presentando proyectos de ley para acabar con el monopolio de Recope. Ahora surge un grupo de ciudadanos que, bajo el nombre “Ya no más Recope”, han organizado manifestaciones callejeras y han presentado, en forma paralela –algunos dicen coordinada– con el Movimiento Libertario, un proyecto de ley contra este monopolio.

El fin último de esas iniciativas es promover un mayor grado de competencia en el mercado de combustibles, bajo la premisa de que esto redundará en mejores precios y servicio para los consumidores. Para lograrlo, son muchas las aristas por tomar en cuenta.

¿Se abren todos los mercados de combustibles a la vez? ¿Gasolina, diésel, gas LPG, asfalto, etc.? ¿Se liberan tanto la importación como la distribución? ¿Quién administra el puerto especializado en combustibles? ¿Y el poliducto?

¿Continuará Recope operando una o todas las ramas del negocio? Si así fuera, ¿se requiere alguna modificación para mejorar su capacidad de competir con empresas privadas? ¿Qué debe hacerse para evitar que Recope utilice su poder monopólico actual para evitar la entrada de nuevos competidores?

La venta al detalle está en manos privadas, aunque con un grado de competencia limitado, con precios y márgenes establecidos regulados por la Aresep. ¿Se queda así o se deja el precio a la libre? ¿Se mantiene un precio único en todo el territorio nacional o se establece un precio “tope”, que permita a los expendedores competir por precio?

El esquema monopólico de Recope lleva muchos años de establecido. Es lógico que cambiarlo no sea fácil, pero nadie puede decir que es imposible. Dado que todo monopolio lleva a la generación de muchas rentas, las cuales son capturadas por diferentes grupos, también es lógico que surjan voces opuestas a todo cambio del statu quo.

El país ya tiene varias experiencias favorables en la apertura de mercados monopólicos estatales. No deberíamos tenerle miedo a discutir seriamente la posibilidad de romper el de combustibles, y buscar el beneficio de todos los costarricenses.