Alexandra Borchardt. 3 diciembre, 2018

OXFORD – La tortura y el asesinato brutales del periodista saudita radicado en Estados Unidos Jamal Khashoggi ha centrado la atención en el príncipe de la corona de Arabia Saudita, Mohámed bin Salmán, a quien muchos acusan de haber ordenado el hecho. También destaca los peligros del negocio periodístico. Cuando se computen los números finales, el 2018 podría ser el año más peligroso del que haya registro para los periodistas en todo el mundo.

Ahora bien, mientras que los ataques físicos a los periodistas se han vuelto alarmantemente osados –y el asesinato de Khashoggi puede ser el más audaz a la fecha–, la mayoría de los peligros que enfrenta la profesión son mucho más mundanos. Cinco son los que se destacan.

Quizá lo más importante sea que los defensores de los medios en todas partes deben trabajar para aumentar el alfabetismo de la población en materia de medios

Primero, la cantidad de oportunidades de trabajo está mermando y los puestos se caracterizan por bajos salarios, una inseguridad laboral perpetua y oportunidades limitadas de progreso. En Estados Unidos, por ejemplo, el empleo en las redacciones ha caído casi un 25 % en menos de diez años, mientras que la inscripción en las principales facultades de Periodismo ha disminuido más recientemente.

Segundo, las Big Tech están superando a las organizaciones de noticias en la carrera para atraer un talento limitado. El periodismo necesita gente capacitada en tecnología para liderar proyectos de periodismo de investigación y gestionar la transición digital de la industria. Pero, en este momento, la mayoría de los ingenieros informáticos ven un futuro más brillante en plataformas como Facebook y Google, que pueden ofrecer salarios más altos, una mayor seguridad laboral y un mejor equilibrio entre vida y trabajo que, incluso, los medios de prensa más grandes.

Tercero, el periodismo es mucho menos glamoroso de lo que fue alguna vez. Hace años, los corresponsales extranjeros curtidos que aparecían en la televisión y en las portadas de los principales diarios atraían a reporteros jóvenes a la profesión. Y si bien la mayoría de quienes mordimos el anzuelo nunca nos aventuramos más allá del ayuntamiento, nos atraía de todos modos la noble misión de obligar a los poderosos a hacerse cargo de sus actos. Pero en el entorno de redes sociales distribuidas de hoy, los corresponsales extranjeros son raros y los “influenciadores” de las redes tienen más probabilidades de ser estrellas populares que los especialistas en asuntos políticos.

Cuarto, aun cuando el salario y el prestigio disminuyen, las presiones de la redacción se intensifican. Cuando un reportero “novato” empieza a trabajar en una empresa de medios hoy, la capacidad de escribir un gran texto ya no basta; los periodistas jóvenes también tienen que contar con habilidades de audio y video, capacidades de periodismo de datos y experiencia en redes sociales. Estas habilidades podrían llevar a mejores productos nuevos, pero nadie es bueno en todo. Exigir que ellos lo sean y hacerles demandas interminables podría alentar a los reporteros a abandonar la profesión.

Finalmente, los incesantes ataques retóricos a los integrantes de los medios tradicionales por parte de líderes como el presidente norteamericano, Donald Trump –cuyo discurso sobre las “noticias falsas” apunta a la credibilidad de la propia profesión–, están surtiendo efecto. Si bien la confianza en los medios de noticias viene aumentando en las últimas encuestas, la constante difamación de la integridad e inteligencia de los periodistas amenaza con hacer mella en la profesión.

Juntos, estos cinco desafíos están afectando, y mucho, al negocio periodístico, y esto plantea un riesgo para la propia democracia. Sin medios libres e independientes, los ciudadanos no pueden tomar decisiones informadas. En verdad, cuando el periodismo profesional está ausente, la gente fácilmente puede perderse en una maraña de información muchas veces no confiable, o incluso caer presa de expertos autoproclamados movidos por intereses personales y de propaganda. El periodismo es la brújula de la democracia; debemos encontrar una manera de recalibrarla.

Primero y principal, los periodistas necesitan protección. Eso significa garantizar no solo su seguridad, sino también su capacidad para acceder a la información y reportar sus hallazgos sin miedo a las represalias. Como mínimo, los ataques a periodistas como Khashoggi deben investigarse plenamente, y la comunidad internacional debe hacer responsables a sus perpetradores y condenarlos.

De todos modos, el respaldo a los medios debe ir más allá de castigar a quienes tienen la audacia de asesinar a un periodista. Por ejemplo, se necesitan más programas para ayudar a cultivar talento joven. Los gobiernos podrían ofrecer subsidios, dar exenciones tributarias y patrocinar iniciativas que ofrezcan formación en periodismo y nuevos medios. Los futuros periodistas necesitan modelos de rol, pero también necesitan las capacidades técnicas para convertirse ellos mismos en modelos de rol.

Quizá lo más importante sea que los defensores de los medios en todas partes deben trabajar para aumentar el alfabetismo de la población en materia de medios. Los nuevos consumidores deben entender cómo funciona el periodismo, cómo hacen su trabajo los periodistas y por qué los medios de noticias profesionales son componentes esenciales de una democracia de buen funcionamiento. Hasta que el público valore la producción que generan los periodistas profesionales, una escasez de talento será el próximo gran desafío para el periodismo. Y podría terminar siendo el más importante.

Alexandra Borchardt@ es directora de Programas de Liderazgo en el Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo. © Project Syndicate 1995–2018