Columnistas

Efecto Dunning-Kruger en la política costarricense

Ojalá el ganador o la ganadora de las elecciones del 2022 sepa y anticipe lo que significa realmente bailar con ella cuando toca hacerlo

Es más que evidente el enorme descontento entre el electorado nacional. En lo personal, no deja de asombrarme la facilidad con que varios de los candidatos aseguran que con ellos en el poder las cosas, ahora sí —efectivamente—, caminarán de manera muy distinta.

La evidencia del pasado reciente no parece indicar que realmente serán capaces de hacerlo, como se concluye de la revisión de los discursos de toma de posesión de los dos últimos presidentes.

En su discurso el 8 de mayo del 2014, Luis Guillermo Solís afirmó que Costa Rica vivía “un momento histórico extraordinario”, pues la decepción de muchos costarricenses con sus gobernantes, “con la política tradicional y sus estratagemas” se había “traducido en una resonante demanda de cambio”. Y dijo que esto se manifestaba en “un clamor” que exigía “un cambio profundo en la forma en que el país se gobierna y administra”.

Aseveró que su administración marcaría “el advenimiento de nuevas actitudes, nuevas convocatorias, nuevos conceptos y nuevas formas de ejercer las labores del gobierno” para “devolverle confianza a un pueblo”.

A continuación, señaló que uno de sus principales esfuerzos estaría centrado enla tarea por equilibrar y estabilizar las finanzas públicas” porque el país no podía quedarse corto, pues ya “estábamos llegando tarde” y que apuntaría “a la reactivación de la economía interna” con clara conciencia de que el país estaba “obligado a ganar la batalla contra el desempleo”.

Finalmente, refiriéndose a la importancia de la educación, Solís manifestó en su discurso que haría “todo lo posible para elevar la inversión en educación pública”.

“Con ello fortaleceremos la mejor herramienta de movilidad y progreso social de que disponemos desde hace más de siglo y medio. Economizar en educación sale muy caro”, agregó.

Por su parte, el actual presidente Alvarado, hablando también sobre educación, indicó en su discurso de toma de posesión del 8 de mayo del 2018 que quería “un país que abra oportunidades a todas las personas desde la educación. Que brinde a los estudiantes una infraestructura adecuada, unos contenidos atractivos y de calidad que les enseñan a aprender continuamente y a adaptarse, y que los prepare para la vida y para su futuro laboral, una oferta educativa ajustada a su entorno, acceso a la tecnología, acciones para disminuir la exclusión y educadores bien capacitados, con buenas condiciones y motivados”.

Con respecto a la corrupción, problema que nos ha tenido desvelados en los últimos meses, Alvarado sostuvo que para su administración sería clave “ejecutar una acción enérgica y coordinada para combatir y replegar el crimen organizado, el narcotráfico, la legitimación de capitales y la corrupción”.

En relación con el déficit del Gobierno Central, declaró que era un problema de “suprema importancia” y que debíamos “resolver de una vez por todas los riesgos que conlleva” y que en su gobierno se proponía llevar el déficit de su situación actual a un 3 % para cuando finalizara el mandato. “Recaudaremos mejor los impuestos existentes, haremos un uso eficiente de los recursos de la Hacienda pública para lograr los objetivos del país, seremos austeros… y mantendremos una firme disciplina fiscal”, prometió.

El discurso terminó con estas palabras: “Para concretar todo lo anterior, nuestras herramientas serán trabajo en equipo, seguimiento feroz, agilidad y honestidad”.

En relación con devolverle la confianza al pueblo en sus gobernantes, equilibrar las finanzas públicas, combatir la corrupción, reducir el desempleo y mejorar la educación, parece evidente que ambas administraciones quedaron debiendo (y bastante, podría decir alguien).

En vista del escasísimo éxito en el logro de los compromisos explícitos de nuestros dos últimos presidentes, las promesas que escuchamos de los numerosos candidatos a la presidencia, de cara a las elecciones de febrero próximo, me suenan cacofónicamente huecas. Y entonces, ¿por qué las formulan? Una posibilidad es que muchos de ellos adolecen del llamado efecto Dunning-Kruger, sin saberlo.

Es un tipo de sesgo cognitivo propuesto por David Dunning y Justin Kruger, de Cornell University, hacia finales de la década de los 90. Muy sucintamente, sugiere que las personas con poca destreza, conocimiento o habilidad en cierto campo propenden a sobreestimar su habilidad en ese campo o actividad, mientras que aquellos que han logrado acumular más experiencia, destreza o habilidad para ello tienden a subestimarla.

Quienes tienden a sobreestimarla se refieren a su propia habilidad con confianza, como si supieran lo que están haciendo, y con completa convicción en sus capacidades y habilidades.

Es solamente cuando acumulan más experiencia y conocimiento sobre el campo o actividad en la que presumían ser expertos que se dan cuenta de que en realidad sobrevaloraron sus habilidades y capacidades para abordar la actividad o tarea involucrada.

Por ello, podría no resultar tan sorprendente la manifestación pública del expresidente Solís solamente dos meses después de haber tomado posesión de su cargo: “No es lo mismo verla venir que bailar con ella” (La Nación, 4 de julio del 2014).

Ojalá el ganador o la ganadora de las elecciones del 2022 sepa y anticipe lo que significa realmente bailar con ella cuando toca hacerlo y sepa seleccionar a sus colaboradores de gabinete y otros, pensando en que ellos también tengan idea de cómo bailar con lo que les corresponderá enfrentar.

Mientras tanto, nosotros, los electores, debemos exigir y demandar que los aspirantes a la presidencia nos expliquen con detalle la forma específica en que van a abordar los grandes problemas que nos aquejan como nación, y jamás darnos por satisfechos con manifestaciones que resultan huecas y repetitivas.

Para exigir esos detalles y explicaciones, debemos entender nuestro sistema político, las limitaciones que el entorno nos presenta, las realidades que enfrenta el país, la significancia relativa de los distintos problemas que debemos atacar, las posibles soluciones a esos problemas y las consecuencias de las alternativas que existen para lidiar con ellos.

Solamente así podremos dilucidar de mejor manera quién tiene idea de lo que le espera en la Casa Presidencial y quién no tiene ninguna.

mauricio.jenkins@incae.edu

El autor es profesor en el Incae.

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