Por: Fernando Durán Ayanegui.   9 octubre, 2016

Curiosa noticia: dos importantes ciudades de Estados Unidos sustituyen el Día de Cristóbal Colón por el Día de los Pueblos Aborígenes de América. En otro tiempo, en nuestro país el 12 de octubre era el Día de la Raza y los niños cantaban en las escuelas un himno que comenzaba con el verso “gloria eterna Colón soberano”; pero, desde fines de la década de 1970, a lo que hasta entonces llamábamos “el Descubrimiento de América” se le denomina Encuentro de Culturas. Cuando este cambio fue decretado nos pareció bien, pese a que nos vino a la mente la idea de que en la jerga boxística se puede afirmar, de un boxeador en estado comatoso, que se enfrenta a su contendor en un equilibrado “encuentro” deportivo.

“Al modo grosso” –como nos decía un descuidado profesor– ocurrió así: en el año 985 de la era cristiana, navegantes vikingos alcanzaron las costas de Groenlandia y, más tarde, ellos o sus descendientes llegaron a afincarse en varios sitios de América continental. Al parecer, esto fue posible gracias a un ablandamiento temporal del rigor climático en el Atlántico austral, lo que les permitió a aquellos “conquistadores” mantener razonablemente fluida la comunicación náutica entre Escandinavia y América. De no haber sido por los hielos perennes que les impedían surcar el océano Ártico, los colonizadores nórdicos podrían haber llegado hasta las costas de Alaska, en el Pacífico, pero siglos después la naturaleza echó marcha atrás, empeoró el clima y puso fin a la aventura americana de los escandinavos; el que hoy noruegos e islandeses no se jacten de ser los descubridores del Nuevo Mundo se debe menos a un rasgo de modestia que al reconocimiento de que, milenios atrás, procedentes de Siberia, otros euroasiáticos habían sido los primeros en llegar a las tierras que, en honor a un oscuro geógrafo italiano, recibirían un día el nombre de América.

Una cosa lleva a la otra. Gracias al calentamiento global, actualmente las aguas del Ártico se están volviendo navegables y los agentes de viajes optimistas, así como los ambientalistas agoreros, predicen un pronto auge de los cruceros turísticos entre, por ejemplo, Alaska y Nueva York. Para solaz de nuestros nietos, pensamos nosotros, pues eso les permitirá, allá por el año 2050, seguir por televisión la regata anual de veleros entre Islandia y California. Entre Reikiavik y San Francisco, habríamos querido puntualizar, pero nos tememos que, para entonces, ambos puertos estarán sumergidos a causa del derretimiento del hielo polar.