Columnistas

Democracia para Nicaragua

Nicaragua, como buena estudiante, se nutre de las experiencias rusa, cubana y venezolana

Esta semana se conmemoró la caída del Muro de Berlín, hito que marcó el inicio del fin de la Guerra Fría y del fallido modelo de desarrollo de la Unión Soviética. A la medianoche del 9 de noviembre de 1989, millones de personas de Alemania del Este gritaban al unísono «abran las puertas», y tomaron las calles al otro lado del muro, como un poderoso símbolo de su primer paso hacia la libertad, a una transición democrática de todos los países de la otrora Europa del Este y un año después a la unificación de las dos Alemanias.

Este hecho recobra importancia por dos razones: la primera es que el modelo socialista cuenta con terribles historias de fracaso en la región y, la segunda, que viviendo un proceso electoral en el país se podría tratar de endulzar a los votantes con ideologías populistas condenadas a la desilusión.

Venezuela, que fue una democracia sólida y potencia económica regional, especialmente por sus reservas petroleras, ha vivido ya durante muchos años el desmantelamiento del sector productivo, al punto que la gasolina escasea, sus índices de pobreza y violencia son de los más elevados de la región.

El gobierno se mantiene basado en un ejército incondicional y en la infiltración de todos los poderes de la república, que ayudan a perpetuar al gobierno de turno.

Nicaragua no se queda atrás y, como buena estudiante, se nutre de las experiencias rusa, cubana y venezolana, perpetuando la dupla Ortega-Murillo y su poder mediante el desmantelamiento de toda fuerza opositora, mandando a la cárcel o al exilio a líderes políticos que ponen en peligro su mandato y cerrando y acosando a los medios de comunicación.

La división de poderes es, al igual que en Venezuela, inexistente, por lo cual elecciones sin oposición y sin supervisión no son más que una farsa y una afrenta al sistema interamericano.

Aplaudo el llamado de líderes de la región, en cuenta varios de nuestros expresidentes y excancilleres, a desconocer el resultado de esas falsas elecciones, la solicitud de celebrar elecciones libres y transparentes y la liberación de los presos políticos, o que, en su defecto, se invoquen, y ojalá se redefinan y apliquen como línea de defensa democrática, los términos de la Carta Democrática Interamericana.

nmarin@alvarezymarin.com

La autora es politóloga.

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