Juan Carlos Hidalgo. 9 febrero

Lo más alarmante de las malas noticias económicas de las últimas semanas no es tanto confirmar que las cosas no marchan bien, sino que la reacción de las autoridades apunta a que no saben cómo hacer frente a la situación. Al presidente le gusta decir que apenas vamos por el primer tiempo de su mandato, pero casi a la mitad del partido su equipo se ve perdido y sin ideas.

Mientras el desempleo y la informalidad continúan aumentando, la respuesta de la ministra de Trabajo es responsabilizar a los costarricenses por no tener el perfil para emplearse. Es bien sabido que el 60 % de la mano de obra está poco calificada. El gobierno insiste en que la solución radica en educación y capacitación, pero ese no es un escenario realista a corto o mediano plazo dada la cantidad de gente necesitada de adquirir nuevas destrezas. No es una falla del mercado que no se generen suficientes oportunidades en los sectores poco calificados. Las enormes cargas sociales —las más altas de América Latina— desincentivan la contratación de este tipo de trabajadores, algo advertido por la OCDE. Sin embargo, el gobierno sigue haciendo oídos sordos a estos diagnósticos.

Prueba de ello es la negativa de la CCSS a una amnistía para incentivar la formalización de trabajadores independientes, 92 % de los cuales son disuadidos no solo por tener que cotizar casi una quinta parte de sus ingresos, sino también por la decisión de cobrarles cuotas retroactivamente con sus respectivas multas. La institución no está recibiendo un cinco de los informales, por lo que parecería lógico facilitar la formalización. Parece que el sentido común es el menos común de los sentidos en los altos mandos de la CCSS.

El ministro de Hacienda llegó a la conclusión de que la solución al deterioro de las finanzas públicas no está en el recorte de gastos, sino en ponerse detrás de quienes andan en Maseratis. Sorprende la retórica de lucha de clases a la que apeló el jerarca en una entrevista reciente —bien recibida por Albino Vargas—. A pesar de los nuevos impuestos, el gasto sigue aumentando más rápido que los ingresos, pero Rodrigo Chaves ha decidido echarles la culpa del creciente déficit a “los ricos”. Admitámoslo: la reactivación económica no está en el ADN del gobierno.

El autor es analista de políticas públicas.