Juan Carlos Hidalgo. 23 diciembre, 2018

Paz, salud, amor y prosperidad. Un hogar que reúna esas cosas sin duda gozará hoy de una Nochebuena. Como lo que es acertado para una familia, no puede ser insensato para un país, esos son también mis deseos navideños para Costa Rica.

Paz. Si bien celebramos el 70 aniversario de la Abolición del Ejército, el 2018 cerrará como uno de los más violentos en la historia del país. Esta noche más de 600 familias extrañarán a un ser querido asesinado en el último año. Además, la violencia doméstica alcanza niveles endémicos, empañando –y segando– la vida de muchas mujeres. Por eso deseo más inversión en seguridad ciudadana, más firmeza contra los cacos reincidentes y una estrategia distinta para enfrentar al narco. También deseo cero tolerancia hacia los agresores domésticos.

Salud. La enfermedad es inevitable, pero cómo lidiamos con ella puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte. Los costarricenses se precian de la seguridad social, pero no podemos negar que urgen mejoras al sistema. Decenas de miles de personas languidecen en listas de espera que con frecuencia resultan mortales. Por eso deseo una mayor apertura a discutir reformas que les brinden más opciones de atención a los asegurados. También deseo cambios en el registro de medicamentos para que se permita más competencia y se reduzcan así los precios.

Amor. Es un sentimiento que se reserva para el círculo íntimo de cada uno, por lo que es iluso pretender extenderlo a toda la sociedad. Pero aun cuando no podemos amarnos todos, por lo menos no nos odiemos. La intolerancia y la acrimonia en el discurso político vienen en alzada. Con creciente facilidad la gente achaca malas intenciones a quienes piensan distinto. Por eso, deseo un debate más civilizado donde predomine el respeto por puntos de vista divergentes. También deseo un país donde la política no sea algo tan importante en nuestras vidas.

Prosperidad. El dinero no compra la felicidad, pero ¡cómo ayuda! Este año acaba con más pobreza y más desempleo, lo cual presagia una peor Navidad para miles de familias. Para revertirlo, necesitamos mayor crecimiento económico, pero este no ocurre por arte de magia. Por eso deseo reformas estructurales que potencien la competitividad de la economía, reduzcan el costo de vida y faciliten la generación de empleos. Ojalá alguien –arriba o aquí abajo– ponga atención.