Juan Carlos Hidalgo. 16 marzo

Hasta ahora, el gobierno ha hecho un manejo serio y responsable del aspecto sanitario del covid-19. A diferencia de otros países —como España, donde escribo estas líneas—, nuestras autoridades transmiten confianza en que saben lo que hacen para contener la transmisión del virus. Lamentablemente, poco o nada se ha anunciado en cuanto a la otra arista de la pandemia que merece atención: el impacto sobre la economía.

Desde sus inicios, la administración Alvarado ha carecido de confianza del empresariado. Justa o no, es una percepción reflejada en los sondeos y explica, en gran medida, el pobre desempeño económico de los últimos dos años. La desconfianza parece haberse agravado a inicios del año debido a una serie de tropiezos cuya culminación fue el escándalo de la UPAD. Si ya era necesario un golpe de timón en Zapote, con la llegada del covid-19 resulta imperioso.

Por eso, tiene razón Rodrigo Arias en recomendar al presidente nombrar pronto a un ministro de la Presidencia que genere confianza. Para ello, no tiene que inventar el agua tibia. Debe recurrir a quien ejerció dicha cartera de la manera más eficiente en los últimos treinta años: Rodrigo Arias. Esto involucraría un costo para Alvarado, puesto que, como bien advierte Arias, un jerarca de este calibre implica “una transferencia de poder por parte del presidente y poder real”. Pero las circunstancias lo ameritan.

Arias también tiene razón al señalar que el proceso de generar confianza requiere acciones concretas y no simples declaraciones de buena voluntad. Por ejemplo, no puede atrasarse más la presentación de la ley de empleo público. Pero, a la luz del covid-19, urgen medidas de otro nivel. Hay que introducir más flexibilidad en la legislación laboral, incluidas estipulaciones para situaciones de emergencia como esta. Varios sectores, particularmente el turístico, requieren de planes de apoyo que les garanticen liquidez. También hay que contemplar ajustes en el pago de las contribuciones a la CCSS.

La pandemia ha redoblado la necesidad de fuertes ajustes para evitar una crisis económica. Puesto que articular y sacar adelante esta agenda precisa de pericia y músculo político, el presidente no debería pensarlo dos veces y confiarle la tarea a quien ha demostrado ser el mejor en el desempeño del cargo.

El autor es analista de políticas públicas.