Juan Carlos Hidalgo. 8 marzo

Si tuviéramos un sistema parlamentario, la administración de Carlos Alvarado probablemente sería historia. A pesar de los ingentes esfuerzos de las voces gobiernistas por asegurarnos que se trataba de una inocente torpeza política, el caso de la UPAD ha adquirido matices siniestros, y ya cobró las cabezas del ministro de la Presidencia, la de la jefa de despacho del presidente y la de varios viceministros. La suerte del Ejecutivo descansa ahora sobre los hombros de Rodolfo Méndez, a quien muchos desearíamos oficializar como jefe de Gobierno.

El país necesita liderazgo y propuestas que inspiren confianza. Si no podemos esperarlo de este presidente, le corresponderá a la oposición estar a la altura de las circunstancias.

Sin embargo, no tenemos un sistema parlamentario y Carlos Alvarado permanecerá en su cargo hasta el 8 de mayo del 2022. Toda una eternidad si tomamos en cuenta que ni siquiera vamos por la mitad de su mandato. ¿En qué momento se descalabró la administración Alvarado? Al presidente parece no bastarle tener una Asamblea de lo más colaborativa en décadas, contar con el favor de los principales medios de comunicación y trabajar con cámaras empresariales sumamente complacientes. Cuando las cosas le salen mal, nunca es su responsabilidad, sino obra de conspiraciones mediáticas y económicas.

Pero lo cierto es que cuando hubo que hacerlo, gran parte del país cerró filas con él, como cuando enfrentó a los sindicatos, aun si bien muchos no compartíamos por completo la naturaleza del paquete fiscal que impulsó. De hecho, esta crisis nada tiene que ver con la ejecución de alguna de las muchas reformas estructurales que tanto necesitamos. Mientras Miguel Ángel Rodríguez enfrentó sus horas más aciagas empujando la apertura de las telecomunicaciones y Óscar Arias lidió con la polarización del país al convocar un referendo sobre el TLC con EE. UU., Carlos Alvarado está contra las cuerdas por su deseo de montarse un Cambridge Analytica en la Casa Presidencial.

Lo más preocupante es que el país está entrando en la coyuntura económica más difícil desde la crisis del 2008. Las cancelaciones turísticas por el covid-19 ya están adquiriendo niveles alarmantes y pronto los efectos se harán sentir en las exportaciones. El país necesita liderazgo y propuestas que inspiren confianza. Si no podemos esperarlo de este presidente, le corresponderá a la oposición estar a la altura de las circunstancias.

El autor es analista de políticas públicas.