Juan Carlos Hidalgo. 22 septiembre

La iniciativa que permitiría a los jubilados retirar en un solo monto su pensión complementaria es popular porque toca fibras muy presentes en la psique nacional: la desconfianza en las autoridades, el odio contra los privilegios y el sentido de propiedad sobre lo ganado mediante el trabajo. Como liberal, me identifico con todos esos sentimientos, pero sigo estando en contra del proyecto por las razones que di la semana pasada.

La gente teme que su pensión vaya a desaparecer debido a la voracidad fiscal del Estado. Tienen algo de razón.

Empecemos por la desconfianza. La gente teme que su pensión vaya a desaparecer debido a la voracidad fiscal del Estado. Tienen algo de razón. El dinero acumulado en el ROP es una gran tentación para las autoridades. Si bien es inconcebible que lo expropien, sí pueden minar su rendimiento forzando a que sea invertido cada vez más en bonos del Gobierno. De hecho, ya vamos por ese camino. El año pasado el Conassif emitió un reglamento que faculta a las operadoras de pensiones a aumentar del 50 % al 80 % la proporción de sus carteras posible de ser colocada en papel de Hacienda. Peor aún, aprobó otra normativa que les permite ocultar el mal desempeño de sus inversiones, registrándolas a costo de adquisición amortizado y no a valor de precios de mercado. Si las autoridades quieren disipar la desconfianza en el ROP, deben, como mínimo, revertir ambas decisiones.

La gente ve con malos ojos que a los pensionados de lujo sí se les permita retirar todo el ROP. Si bien hay una lógica detrás —la pensión complementaria representa el 10 % de su ingreso jubilatorio— no deja de percibirse como un privilegio odioso. Lo ideal es poner un tope a las pensiones con cargo al presupuesto y que este no supere el monto máximo de ¢1,6 millones que otorga el IVM de la CCSS. Pero, mientras eso ocurre, corresponde emparejar la cancha eliminando ese beneficio.

No podemos obviar que tres cuartas partes del ROP provienen de contribuciones patronales creadas con el propósito exclusivo de garantizar una pensión adicional al trabajador. Este también debe saber que el rendimiento histórico que obtiene por tener esa plata ahí invertida —5,17 % anual en términos reales— no es despreciable. Y debe comprender que, dado el paulatino deterioro del IVM, el ingreso mensual que recibirá por la pensión complementaria será el que le asegure un retiro digno.

El autor es analista de políticas públicas.